Las tres causales: Dos caras de la moneda

Por Maria Estela de León

Condenar a una niña o mujer a llevar a término sin la posibilidad de la interrupción legal de un embarazo que pone en riesgo sus vidas, es matarlas dos veces. Vergüenza debe darle a las autoridades y a la sociedad cuando ocurren hechos que corresponden a la época de la caverna. La indiferencia cruel es tan gravosa como el hecho de negarle el derecho de contar con un dispositivo legal que despenalice el aborto cuando se den estas causales, respetando la libérrima voluntad de las afectadas.

Conviene a los legisladores escuchar las voces de los sectores que están a favor y en contra de la inclusión de las tres causales en el proyecto de ley del Código Penal en la República Dominicana, de no hacerlo, escuchar a un solo sector o persona, estarían negándoles derechos a las y los que están a favor de la inclusión de estas exenciones y de paso haciéndoles un flaco servicio a la democracia representativa en el país.

Es un compromiso del Estado y entes sociales ofrecer estadísticas, informaciones científicas y legales servidas por técnicos, profesionales de la salud, y las ciencias sociales (sociólogos y psicólogos) y del derecho “que no representen intereses de colectivos, grupos políticos o de individuos”, con el interés de llevar tranquilidad a la población en relación a la problemática.

A propósito de los enfrentamientos y las divisiones que ocasiona la despenalización del aborto, entendemos que el debate debe versar sobre derecho y realidad social de las niñas y mujeres, que en condiciones especiales están compelidas a llevar un embarazo que ponen en riegos sus vidas, la estabilidad de la familia y de la sociedad en su conjunto.

Con esto queremos decir que: Matizar, tergiversar y desnaturalizar los debates con sesgos religiosos, filosóficos y políticos o de cualquier otra índole es darle de lado a la cruda y cruel realidad que sufren las niñas y mujeres de los extractos sociales más vulnerables del país. Además de desperdiciar la oportunidad una vez más de tener una normativa de avanzada como demanda la sociedad y los nuevos tiempos.

Respecto al tema en cuestión, es preciso dejar entrar la sensatez, la cordura y el interés nacional ante un hecho y práctica tan aberrante, como es condenar a las niñas y mujeres al sufrimiento de parir a una criatura que ya de por si viene marcada o con una condición, es un acto que hay que superar en pleno siglo XXI.

Concluyo este escrito parafraseando a la enfermera estadounidense, Margaret Sanger “Una mujer que no tenga control sobre su cuerpo, no puede ser una mujer libre”.

Por María Estela de León

La autora es abogada y periodista

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