Las Pruebas Nacionales

Por Manuel Hernández Villeta

Las Pruebas Nacionales tienen que ser suspendidas. No hay razón para continuar con una evaluación que a lo largo de los años ha demostrado que no ofrece resultados positivos. La mayoría de los estudiantes no  obtienen buenas calificaciones y los profesores no la dominan.

Las Pruebas Nacionales no tienen razón de ser, porque durante todo el año escolar si van  realizando exámenes y evaluaciones de los estudiantes, y si es necesario entonces llega la meta final. Para dar  ese examen solo se necesitaría que el alumno  lo realice en una escuela que no sea donde está matriculado.

Cuando comenzaron las Pruebas Nacionales muchos pensaron que esta medida salvaría la educación, y nunca fue esa la verdad. Se  mantuvo una postura complaciente con técnicos internacionales que recomendaron esa evaluación final, presupuestada en cientos de millones de pesos.

Hoy, no hay libros de textos disponibles.   Los profesores están dando la docencia con folletos y material de archivo y su experiencia profesional. En estas circunstancias es una locura dar unas Pruebas Nacionales, donde los cuestionarios van a recaer sobre temas que se han aprendido de oídos.

Ya en el tramo final del año escolar, luce casi imposible que se pueda entregar los libros de texto  que hacen falta. Hay profesores de nuevo cuño que tendrían que empaparse del contenido y materialmente resulta imposible.

No es posible  evaluar a un estudiante que no ha tenido libros de texto en la mayor parte de la jornada. El año educativo hay que salvarlo, mejorando en esta senda final los niveles de docencia, pero no creando nuevos incidentales.

Unas Pruebas Nacionales no aportan  nada con profesores que a todas luces están mal preparados, y con veteranos que no creen  en esa evaluación. Como todos los años, solo van a demostrar que los muchachos tienen problemas para leer, para escribir, que no dominan las faltas ortográficas, y que tienen deficiencias en  geografía, historia y matemáticas.

Para mejorar la escuela, hay que rescatar al maestro. Hay que integrar a las nuevas generaciones de educadores, pero se les debe insuflar la mística del sacerdocio de la enseñanza. Aquí juegan un papel estelar el ministerio y el gremio. Deben dejar sus rencores y comenzar a trabajar unidos.

Ahora mismo lo más importante es fortalecer el sistema educativo, y el presupuesto millonario que se va a invertir en las Pruebas Nacionales debe ser dedicado a la preparación de maestros, y en mejorar la docencia en general. Nuestro llamado es a la suspensión definitiva de las Pruebas Nacionales. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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