Las pandillas haitianas

Por Manuel Hernández Villeta

La crisis política, económica y social que ensombrece a Haití lanza serios inconvenientes sobre aspectos del desarrollo  Dominicano. El primero es la migración ilegal masiva. Hay que controlar la situación fronteriza, para impedir lleguen al país  tantos haitianos hambrientos y sin trabajo.

No se trata de una migración en estampida por represión política, sino por el hambre y la miseria del vecino país. Los haitianos sienten que  estar en la República Dominicana es el camino de su supervivencia.

La frontera siempre ha pecado de ser tierra de nadie, donde a pesar de todas las medidas de contingencia que se toman es posible que sigan entrando a territorio nacional, miles de indocumentados. Es una zona agreste, llena de lomas, de cuevas, de riachuelos y  de irregularidades de todo tipo.

Pero por sobre la bifurcación del terreno está la dura realidad: una parte importante del empresariado dominicano prefiere la mano de obra de los haitianos por ser barata y sin complicaciones laborales.

En la praxis, la industria de la construcción y la agroindustria, dos de las más pujantes del país, se sustentan en la mano de obra haitiana. Es una fuerza muscular que está disponible 24-7, por un salario deprimido, viviendo en barracones o edificios en construcción, sin seguro médico ni otras facilidades.

Mientras el haitiano ilegal encuentre trabajo con facilidad, sin importar si tiene papeles o no, será imposible parar la migración irregular. Asimismo, la ola de los refugiados del hambre será masiva mientras Haití no tenga una paz social, tranquilidad en las calles y el fin de pandillas asesinas.

Haití se tiene que encaminar a un gobierno elegido con el voto popular, superar el momento de incertidumbre que vive, con un presidente recién asesinado, y autoridades seleccionadas a la carrera para salvar  los enfrentamientos.

Pero para lograr soluciones  pasará mucho tiempo. Hay que crear instituciones que no existen en Haití. No hay partidos sólidos, las fuerzas armadas fueron desmanteladas, la policía se amedrenta ante la marcha de las pandillas, y el pueblo sin fe en el futuro durmiendo en las calles y muriendo de hambre.

Respaldamos la posición del presidente Luis Abinader de que si las pandillas mafiosas haitianas quieren penetrar a territorio dominicano se van a encontrar con nuestras Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. El presidente Abinader puede estar seguro contará con el apoyo monolítico de todos los dominicanos si esos pandilleros haitianos intentarán crear problemas en el país.

Nuestra territorialidad y soberanía no está en juego. Los dominicanos vivimos en paz, en democracia, con problemas económicos y sociales, tratando de encontrar soluciones en base a la discusión franca y sincera. El desorden haitiano no se puede convertir en una pesadilla local. El pueblo respalda al Presidente Abinader en las acciones que tome para controlar la migración ilegal. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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