Las ondas expansivas del trauma post-victoria Trump

Por Francisco S. Cruz sábado 7 de enero, 2017

Si quisiéramos referirnos a un liderazgo político-social que ha sido, en cierta forma, ruptura con el liderazgo político-machista tradicional en nuestro país, el nombre de una estrella solitaria, afloraría, sin menos cabo, en el contexto-paralelo de los dos liderazgos que hegemonizan el espectro político-electoral nacional: Danilo Medina y Leonel Fernández.

Traigo de nuevo el tema, porque hace poco escribí un artículo bajo el título: El trauma post victoria Trump, en el cual sostenía, entre otras reflexiones que “Parece que por mucho tiempo el fenómeno Donald Trump será un trauma político-intelectual de mucho de los “analistas independientes” que, en principio, no le vieron posibilidades de llegar a la Casa Blanca, o que, de plano, lo declararon “improbable”. Y no fue sólo la jauría de intelectuales “progresistas” o rabiosos neoliberales -como Mario Vargas Llosa-, sino también la retahíla de medios que se impusieron, cual medida cautelar, el guion-libreto de la “inversión de la carga de la prueba” para negarse a informar mas allá de sus espejismos-preferencias, los que tendrán que purgar el yerro de no captar e informar la atmósfera de un hastió que Trump supo capitalizar a su manera y desparpajos…”.

Esa solo introducción para radiografiar un fenómeno palpable, pues, es innegable que los demócratas –con Obama a la cabeza- no han superado el trauma de la victoria post-Trump. Una serie de acciones y reacciones así lo atestiguan (entre ellas, objeción a todo gabinete propuesto, expulsión de diplomáticos a solo días de la juramentación, en franca inobservancia de la cultura del “Lame duck” –o patito cojo- en la política norteamericana). Curiosamente, de los demócratas, solo Hillary y su esposo, Bill Clinton, han dado señales fehacientes de superación de la derrota, pues ha trascendido que, incluso, estarán en la juramentación de Donald Trump.

Pero las ondas expansivas del trauma post-victoria de Trump, increíblemente, han tenido resonancia en nuestro país y ni siquiera en el ala política-ideológica donde mejor se pudiese haber aposentado: el de la “izquierda burra” o fosilizada que, dicho sea de paso, ha sido capaz de solidarizarse e identificarse con la caída de un Robin Hood delincuente, no ya desde el plano humano –algo comprensible, si fuere el caso-, sino desde una quimera “revolucionaria” que solo habita en la azotea del “…único general comunista que ha tenido el país…” –¡válgame Dios!- como se ha autodefinido el susodicho, obviando o borrando, de un porrazo, a aquel “Coronel de abril” que sí se la jugó, equivocado o no, al intentar derrocar una semi-dictadura: la de Joaquín Balaguer 1966-78.

Y es un caso extraño y hasta increíble, pues mueve a algunas especulaciones que actores del espectro político-ideológico liberal o de centroderecha (y hasta conservadores aunque algunos ni cuentan se den), estén atrapados en las ondas expansivas del trauma post-victoria de Trump. Tales posturas, sin duda, nos ponen en la perspectiva de preguntar: ¿cómo es posible que actores duchos y experimentados de nuestra política vernácula, incluso con liderazgos, hayan llevado tan lejos y tan explicitas sus preferencias políticas-ideológicas y hasta electorales? O más sencillo: ¿No estarán pensando, que cuando opinan también –y dada su condición de figuras presidenciables- dejan al descubierto su diplomacia-manejo al tratar-dilucidar sobre asuntos y realidades –nacionales e internacionales- que serán de valoración-atención, en algún momento, en círculos fácticos de poder?

De veras, no encuentro explicación lógica a que el trauma post-victoria Trump y sus ondas expansivas estén causando estragos en actores claves y definitorios del espectro político liberal y de centroderecha de nuestro país (mas allá del válido ejercicio académico, o del análisis para consumo político-estratégico interno). Mucho menos, le encuentro lógica, a las posibles ganancias políticas-ideológicas y electorales que tales posturas les sumarian desde la perspectiva de sus ascensos –o retornos- al poder. Sin duda, un fenómeno extraño, o quizás, atípico.

No obstante, y como decía el profesor Juan Bosch –infiriendo de Martí- “…en política hay cosas que se ven y cosas que no se ven…”. En consecuencia, sabrá Dios qué estarán viendo esos actores que nosotros no vemos…!

 

Anuncios

Comenta

¡Mantente informado!

Suscríbase para recibir las noticias más importantes del país y el mundo directamente en su correo
SUSCRIBIRME
X
Apple Store Google Play
Continuar