Las madres solteras

Por Manuel Hernández Villeta

La familia está en crisis. Causas exógenas al entorno familiar erosionan al núcleo básico de la sociedad. Sus integrantes son víctimas, son piezas desechables que no pueden controlar su destino. No pueden ser acusados y acorralados.

Uno de los efectos colaterales de la crisis social, económica,  y política que vive nuestro mundo, son las madres solteras. Por diversas razones, la mujer se ha visto impelida en jugar un rol de avanzada en la sociedad. Desde su sector, cada mujer ha tenido que echar sobre sus hombres el futuro de su familia.

Poner el dedo acusador en las madres solteras, es cometer un despropósito social. Con  su carga de abandono, de exclusión,  de nebulosas en el futuro, no es culpable de su existir pesaroso y ni siquiera se le puede enrostrar que le falla a la educación y formación  de los hijos.

Es el sistema que en su crisis destruye todo lo que está de por medio. Las desavenencias   económicas hacen difícil el sostenimiento del cuadro familiar. El salto social es imposible para la mayoría de los dominicanos y dominicanas. Muchos piensan en el delinquir, en cualquiera de sus variantes, para mantener el trote.

El  grave problema del fraccionamiento de la familia no es un resultado individual, se tiene que ver desde el ángulo colectivo. Como los sectores dirigentes le han fallado a la sociedad, como solo se preocupan de la comunidad, cuando tienen de por medio  las elecciones.

Para la mayoría de políticos las madres solteras y su vía-crucis solo interesa porque forman uno de los principales sectores que depositan el voto, y que pueden dar la victoria electoral en los comicios. Sin esas mezquindades, hay que ir en auxilio del cuadro familiar, si se quiere desarrollar el país.

Hay madres solteras que con toda la dignidad posible han levantado su familia lavando ropa, al frente de una batea que vende frituras, limpiando en una casa de familia, o vendiendo comestibles en una canasta. Otras, se rinden, y se despreocupan de los hijos y se ahogan en la diversión y el alcohol para olvidar los problemas.

En definitiva, no se trata de madres solteras, sino de marginalidad y exclusión. Se necesita cambiar a una sociedad que vive en la suciedad, y donde el que nada tiene nada vale. La dignidad humana debe ser valorizada y el trabajo debe estar al alcance de cada ciudadano.

Estamos desde hace tiempo en un callejón sin salida, y las soluciones individuales, y los rechazos   no es el mejor camino para poder salvar los obstáculos. Los cambios sociales están congelados, la equidad económica es una quimera y el futuro muchos lo  vislumbran de acuerdo a los pesos en el bolsillo, y no en la dignidad y el respeto al ser humano. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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