Las exenciones fiscales y la institucionalidad de la economía

Por Víctor Manuel Peña

Toda economía en el mundo se desenvuelve en medio de determinadas reglas establecidas legalmente.

Las exenciones fiscales, hayan caducado o no, son establecidas mediante leyes concretas.

Y las exenciones fiscales forman parte del sistema tributario.  Las exenciones fiscales se establecen para que las empresas dejen de pagar determinados impuestos a cambio de que hagan sus contribuciones a la generación de empleos y de ingresos en determinadas actividades y zonas del país.

Desde el punto de vista de la teoría económica, las exenciones fiscales se establecen durante cierto tiempo para incentivar el desarrollo de determinadas actividades económicas.

Esas exenciones fiscales no se pueden ni se deben cambiar por capricho de la noche a la mañana, porque cambiarlas equivale a modificar las reglas del juego vigentes o la institucionalidad de la economía.

Las inversiones que hacen empresas o capitalistas nacionales y extranjeros en República Dominicana las   llevan a cabo en el marco de esas reglas de juego y previo conocimiento de éstas.

La inversión extranjera directa y la inversión de portafolio, expresiones del ahorro externo, juegan un papel muy importante en la economía dominicana.

¡No pongamos ni nudos ni frenos a la inversión!

Nadie, absolutamente nadie, se atreve a cambiar las reglas del juego en medio de un partido baseball o basketball.

No procede que se cambien abruptamente las reglas del juego de la economía en medio de ninguna situación, mucho menos en medio del delicado proceso de recuperación de la economía nacional que vivimos en el 2021 después que la economía nuestra fue devastada por la pandemia del Coronavirus en el 2020.

Justo a principios de este año el Congreso de la República, por iniciativa del Senado, modificó y amplió el régimen de exenciones fiscales para incentivar el desarrollo de la inversión extranjera y local en la zona fronteriza del país.

¿Se van a eliminar también esas exenciones fiscales que se han establecido para promover el desarrollo de la zona fronteriza? No, jamás.

Pero las exenciones fiscales, contempladas en las leyes de un país, son parte de la institucionalidad de la economía de una nación.  Es decir, el régimen de exenciones fiscales es parte de la institucionalidad de la economía.

Ciertamente es necesario que nos tomemos un tiempo precioso y en calma para estudiar seriamente el sistema de exenciones fiscales vigente en el país a los fines de hacer más productivo el gasto tributario.

Hay exenciones que han caducado que deben ser eliminadas, pero hay otras que hay mantenerlas sobre la base de racionalizarlas y eficientizarlas.

Las exenciones fiscales y exoneraciones representan un gasto tributario de 270 mil millones en la actualidad.

Esas transferencias de recursos públicos hacia las empresas en distintos sectores de la economía tienen que reflejarse en una contribución de las empresas a aumentar los niveles de inversión y la producción de bienes y servicios e incidir de manera importante en la generación de empleos y de ingresos, de tal manera que la población no solo sea compensada, sino que vea que sus recursos, cedidos a las empresas en exenciones fiscales, impuestos dejados de pagar, están siendo usados productivamente.

El sacrificio fiscal que implica el gasto tributario para el Estado es también, y, sobre todo, un gran sacrificio para la población de un país, que es la que aporta los recursos.

Pero en medio de este necesario proceso de recuperación de la economía no procede que de manera irracional sean eliminadas las exenciones fiscales.

Justo para contribuir a la necesaria recuperación de la economía nacional hay que mantener las exenciones fiscales para seguir incentivando la recuperación de sectores claves de la economía como el turístico, el de zonas francas, el minero, la producción de energías renovables, etc., etc.,.

La prioridad del país es la recuperación de la economía, por lo que no es aconsejable en esta coyuntura cambiar la institucionalidad de la economía.

No debemos ahuyentar ni asustar a la inversión extranjera ni a la inversión nacional con el discurso de trastrocar o alterar la institucionalidad de la economía.

 

POR EL DOCTOR VÍCTOR MANUEL PEÑA

El autor es economista y abogado.

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