Las Encrucijadas de un Pasaporte

Por Daniel Merchan miércoles 8 de febrero, 2017

ARTÍCULOS ANTERIORES

Daniel Merchan Daniel Merchan

Venezuela vive la mayor ola migratoria de su historia, los ciudadanos escapan por las fronteras huyendo de una situación crítica y cada vez más compleja para sobrevivir en la otrora nación “rica” en petróleo, esa en la que el 96% de sus ingresos en divisas están asociados a la renta del viscoso oro negro, pero donde según la enorme mayoría de los estándares internacionales reina la inseguridad, el desempleo, la escasez, la corrupción, el narcotráfico, la insalubridad, la persecución política, la desnutrición, y tantos otros males validados por naciones unidas y otros organismos, es el país que hoy tiene casi 2 millones de venezolanos como diáspora diseminada por 96 estados del mundo, pero lo curioso es que es una cifra que creció indeteniblemente en los últimos años en la medida que se agudizó la crisis, de allí las restricciones o disposiciones migratorias dirigidas especialmente a venezolanos en Colombia, EEUU, Perú, México, España, Panamá, Brasil, entre otros, no es casualidad lo que resaltan estudios realizados por la Universidad Simón Bolívar, la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Católica Andrés Bello y la Universidad Metropolitana, pues señalan que entre el 67 y 82% de los estudiantes afirman que quieren irse del país.

Ahora bien, la migración venezolana es una realidad ineludible, pero la complicación legal para llegar a ella hoy tiene nuevas trabas en el sistema de identificación y extranjería, servicio que colapso con los avatares de la ola de escape de Venezuela, los atrasos tecnológicos, y las incidencias de la crisis económica, que hace imposible la existencia de material para la generación de suficientes pasaportes en demanda y como si esto fuera poco alimenta una amplia red de corrupción, que ya solicita sobornos estratosféricos para dar respuesta a la solicitud del ambiciado documento, pero eso no es todo, la desaparición de la documentación de identidad venezolana posee otros condimentos, la pretensión de impedir la salida o la entrada de los venezolanos que posean otra nacionalidad con el pasaporte de ese otro país, y la obligatoriedad consecuente de hacer esas entradas o salidas con el pasaporte nacional es una barrera perceptible, pues es ese que esta en criterio de escasez, todo a la medida de políticas que recordando a la oxidada revolución cubana tuvieron como fin descartar en definitiva al que tuviese la osadía de pensar en la peregrina idea de abandonar el territorio de la “patria”.

Sin embargo, las encrucijadas no terminan aquí, pues las investigaciones incluso avanzan sobre la realidad más sorprendente, esa que muestra la venta de nacionalidades, pasaportes y visas venezolanas al mejor postor en las misiones diplomáticas de la república en el exterior, embajadas gestoras de documentación venezolana a petición del cliente de cualquier origen, como recientemente se denunció sobre la embajada venezolana en Irak, al punto de ocasionar la libre circulación de una serie de personajes desconocidos por el planeta, bajo el manto de nuestra protección diplomática, irónico resultado para quienes residen en otras tierras con su identidad clara y legal, pero que van a los consulados venezolanos y no consiguen respuesta de ningún tipo sobre los tramites a los que tienen derecho por haber nacido en la puerta de Sudamérica.

Quizás la mayor incoherencia se suscita en la creación y emisión del bautizado carnet de la patria, una entelequia que solo tiene como fin en si mismo censar a quienes puedan o no recibir los programas sociales denominados misiones, pero que al final no va a resolver los males de fondo ya mencionados, eso sí, deja en evidencia lo absurdo e ilógico de todo el tejido truculento que rodea el plan de anulación de quien disiente o busca otras opciones, pues hay recursos para entregar gratuitamente ese plástico de promesas diluidas, pero no para dotar de cedulas y pasaportes a la nación, y aunque desde la oficialidad se diga que se intenta resolver ese flagelo, ya impera aquel dicho popular de “en boca de un mentiroso, hasta lo cierto se hace dudoso” y absolutamente todo esta plagado de dudas en un sistema corroído por la corrupción, que tiene como única intención salvaguardar a un régimen político que cada día que pasa cuenta con menor apoyo de la ciudadanía, dentro y fuera de sus limites fronterizos.