Las divisiones de hoy

Por Manuel Hernández Villeta jueves 17 de octubre, 2019

Los grandes partidos  son frentes de masas, donde el que tiene el dinero o los pantalones lleva el liderazgo. Los grupos  tradicionales, toman el control  con el poder de los pesos en las manos, pero en las izquierdas, el mando corresponde a los que tienen  más músculos.

Donde hay mujeres y hombres luchando por una meta, los fraccionamientos son lógicos y naturales. Solo se puede dar la unidad para la acción, pero en la pasividad vienen las divisiones. En las contradicciones políticas, la derrota y el triunfo traen divisiones y purgas.

Los intereses se imponen en las tendencias. No hay la misma visión de la vida de un chiripero de barrio marginado, que de un profesional exitoso. Un técnico de día a día no tiene la misma factibilidad de un gran empresario.

La derrota, electoral o armada, provocan las purgas, las exclusiones y las renovaciones. Pero el lado más trágico es con  la llegada al poder. La cruenta lucha por el control del Estado  torna en enemigos irreconciliables a los antiguos aislados.

Casi todos los movimientos políticos de liberación nacional, que lograron llegar al poder mediante los fusiles, se dividieron en  el triunfo, dando lugar a deportaciones, fusilamientos, encarcelamientos y golpeo a los amigos más débiles, pero que entraban en contradicciones.

En los movimientos políticos también surgen y se fortalecen los egos. Dos o más dirigentes se dividen las simpatías, pero sin ninguno con fuerzas para  sacar las cabezas sobre los otros. La falta de acción colectiva coordinada da paso al fortalecimiento de las tendencias, que finalmente ahogan la vida de los partidos.

Todo cambia donde hay el caudillo. Es una figura todopoderosa que ya va saliendo de la vida moderna. Cada día es más difícil encontrar a un gran caudillo, encabezando un partido con una mano de plomo. Siempre  ahoga  la división de responsabilidades. Solo su opinión importa.

Los partidos políticos llevan el germen de la división desde su nacimiento. Lo único que evita los fraccionamientos es el consenso y comprender que todos deben tener participación en forma equitativa y  democrática. No puede haber una institución que  perviva sin correr los riesgos de la división.

Se pueden estudiar todos los movimientos políticos de la historia, en especial las revoluciones francesa y  bolchevique. La unidad para la acción se hizo cenizas. Del sonido  de la guillotina que se llevó a Dantón y Robespierre surgió el nuevo imperio de Napoleón Bonaparte

Donde hay lucha de contrarios, intereses de poder de por medio, siempre hay los disgustos fragmentarios tras las cortinas, pero a largo plazo lo único tangible es la división formal. En un instante se llega a la encrucijada con su misterio insondable, donde hay misterio y poca luz  sobre la senda empedrada donde se tratará de sobrevivir. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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