Ladran Sancho: la educación dominicana entre la posverdad y la calumnia

Por Argelys Quiñones miércoles 6 de julio, 2022

Con la expansión de las redes sociales los episodios de fake news o falsas noticias, generalmente difundidos por medios y canales de comunicación de baja calidad, son cada vez más frecuentes.

Definitivamente se ha instalado por estos tiempos una cultura de lecturas rápidas y livianas. Aquellas que no reparan en el análisis, la reflexión y el sentido crítico. Se conforman juicios acelerados con base tan solo en titulares. Se concluyen hallazgos sobre estudios o trabajos serios y con sustento académico a partir de tweets redactados en algunos pocos caracteres, cuando no en videos cortos. Todos, plagados de juicios de valor y ligeros, abundantes en adjetivos calificativos que se comparten en línea sin el menor pudor y cuidado por la verificación, la validez de los datos, la confiabilidad de las fuentes, arriesgando incluso la reputación de los medios y la propia.

Resulta peor aún, cuando estas lecturas equivocadas y de solapa, derivan en publicaciones sin la menor rigurosidad profesional que son retomadas y amplificadas por medios prestigiosos, editorialistas respetados y formadores de opinión admirados que, con intencionalidad o sorprendidos en su buena fe, se constituyen en el mejor vehículo para propagar la distorsión de la realidad hasta recalar en los dominios de la mentira y la calumnia.

La sociedad se sumerge así en el peligroso imperio de la posverdad. Definida ésta por la Real Academia de la Lengua Española como la “…distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales (sic).”
En las últimas jornadas se ha registrado un torbellino de noticias falsas, de medias verdades, de informaciones tendenciosas, cuando no directamente calumnias, sobre la realidad de la educación dominicana que, por su recurrencia, sistematicidad y oportunismo, no pueden ser una mera casualidad. Por el contrario, expiden un fuerte hedor a intencionalidad política que busca impactar directamente en la credibilidad del actual ministro, la imagen del partido de gobierno y, por elevación, la asignación del 4% del PIB a la educación.

Pero aquellos promotores del descrédito y la calumnia, en su afán por contentar a los poderes a los cuáles sirven, cometieron el grave error de injuriar instituciones y profesionales cuya legitimidad y credibilidad se extiende más allá de las fronteras de la República Dominicana.
Corrió como reguero de pólvora la falsa noticia de que la educación dominicana había retrocedido una década, referenciando al estudio de reciente aparición “Dos años después: salvando a una generación” firmado por el Banco Mundial, la UNICEF y la UNESCO. Sin embargo, la mismísima Gerente de Relaciones Exteriores del Banco Mundial, Ana Elisa Luna, en una nota de aparición en el periódico Hoy, el pasado viernes 1 de julio, afirma que: “Este reporte tiene un carácter regional, por lo que estas cifras (resultante de simulaciones) se refieren a la situación que en promedio estaría caracterizando a América Latina y el Caribe, y no a la situación de países específicos, como erróneamente señala la nota publicada en su respetado diario.” (itálicas y negritas nos corresponden).

También se instaló en los matutinos radiales, televisivos y en varios editoriales la idea de que las Pruebas Nacionales habían dejado de ser un instrumento profesional y más bien constituirían una farsa para justificar una mejoría artificial de los aprendizajes o perder comparaciones con períodos anteriores. Sin embargo, este proceso que lidera la reconocida y respetada profesional dentro y fuera de fronteras, Dra. Ancell Shecker, quien ocupa su cargo desde el anterior gobierno de distinto signo político al actual, suscribe en un documento oficial de amplia circulación: “Las pruebas nacionales 2022 se realizarán con toda la rigurosidad técnica y metodológica, manteniendo en su diseño la comparabilidad con las de años anteriores.”

No menos sorprendente resultan los ataques reiterados a una de las instituciones del sistema internacional presente en el país con mayor prestigio y credibilidad, como lo es el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, aduciendo que su participación en el apoyo a la gestión gubernamental del MINERD debilita la institucionalidad vigente. Hecho que resulta una paradoja, puesto que el papel del PNUD es justamente acompañar y fortalecer la institucionalidad de los países donde actúa para acelerar el logro de los resultados de desarrollo. En República Dominicana su accionar se sustenta en un tratado suscrito en 1974 y ratificado por el Senado de la República. Su apoyo trasciende al MINERD, dado que también ha asistido a 60 organizaciones del Estado Dominicano, generando ahorros y optimizando procesos de los cuales todos los gobiernos se han beneficiado desde hace casi medio siglo.

Tal vez quienes están detrás de esta campaña, estén molestos con las prácticas antimonopólicas que ha encabezado la actual gestión del MINERD, que ha democratizado y transparentado los procesos de adquisición de bienes y servicios de los más de 63,800 millones de pesos que este ministerio adquiere anualmente.

Es posible que quienes financian esta campaña de descrédito, se sientan sorprendidos porque en plena pandemia y con una economía resentida, lejos de recortar el presupuesto educativo este fue fortalecido; y que cada año que pasa de esta gestión se superan los volúmenes de recursos asignados conforme a las proyecciones del PIB equivalentes siempre al 4% para cada año. Todos estos recursos fueron destinados a financiar la alimentación escolar que se reforzó durante la pandemia. A la entrega masiva de dispositivos a docentes y estudiantes, creando condiciones de equidad y conteniendo en cierta medida los devastadores efectos del Covid. A mejorar las condiciones laborales del personal docente, e igualar el salario de más de 69 mil educadores del nivel primario con sus colegas del nivel secundario.

También los recursos fueron a reparar y recuperar 5,400 planteles escolares que tenían años de abandono y deterioro, que ahora disponen de electricidad, agua, pintura, sistema sanitario, ornato y equipamiento y canchas deportivas donde los espacios lo permiten. Los detractores se empeñan en negar ese logro y procuran difundir imágenes de aulas o escuelas aisladas en mal estado para crear la sensación de que todas están así.
La educación dominicana se ha constituido durante esta gestión en el verdadero escudo de los más débiles y progresivamente en su ventana de oportunidades.

Quienes promueven la ola de calumnias tal vez experimenten cierto estupor cuando se topan con los datos de valoración que hace la población dominicana del Gobierno en general y del Ministerio de Educación en particular, la cual en una proporción próxima a 4 de cada 5 califican como buena, muy buena o excelente.

Seguramente les cueste admitir, que un humilde Maestro que inició su práctica profesional en la escuela El Pinar, de El Cercado, en un campo alejado de la provincia de San Juan, sea ahora quien represente al país en materia de educación en foros internacionales globales y reciba los aplausos y reconocimientos de los especialistas por la audacia de innovar a través del modelo de Educación Para Vivir Mejor que el mundo hoy mira atento. Por la proeza de preparar a todo el magisterio dominicano en tecnologías de la información en apenas 30 días para afrontar la excepcionalidad de la pandemia.

Por el éxito del Plan Aprendiendo en Casa Preservando la Salud, que a la luz de los datos disponibles por la Encuesta Nacional de Fuerza de Trabajo que regularmente hace el Banco Central se observa que las predicciones pesimistas sobre la deserción escolar afortunadamente solo quedaron en conjeturas. En efecto, según el Banco Central los niveles de cobertura para el nivel primario se ubican a solo menos del 2% del registrado previo a la pandemia; en el primer ciclo del nivel secundario 2 décimas por encima, mientras que en el segundo ciclo 2 décimas por debajo de los valores relevados previo a la situación de pandemia.

Tal vez sientan algún malestar estos detractores, que sea un maestro que se enorgullece de su condición de campesino quien reivindique los valores de la dominicanidad a través de las Cátedras Ciudadanas difundidas en las aulas de todos los rincones del país. Pero al mismo tiempo inserte al país en el mundo con el programa de bilingüismo y en la competitividad global dada por la adecuación curricular de la cual tributa la experiencia de transformación de liceos a politécnicos.

Tal vez les moleste a esos voceros del pesimismo, que sea una gestión popular que esté dando ejemplos del fortalecimiento de la institucionalidad y las políticas de estado, dándole plena vigencia al Pacto Nacional para la Reforma Educativa suscrito en tiempos del gobierno anterior, pero cuya ejecución se extiende hasta el 2030.

Afortunadamente, estas voces por fuerte que se escuchen o foros desde los cuales declamen son pocas, muy pocas. Y Aunque su prédica se sostenga en los conceptos expuestos por Jean Jacques Rousseau inspiradas en Plutarco cuando decía en una de sus más recordadas epístolas de 1764: “Por más grosera que sea una mentira, señores, no teman, no dejen de calumniar. Aún después de que el acusado la haya desmentido, ya se habrá hecho la llaga, y aunque sanase, siempre quedará la cicatriz”.

Nada de esto debería sorprender. Los paladines de la posverdad y la calumnia siempre han subestimado al pueblo dominicano. Nuestro pueblo es mucho más sagaz y perspicaz de lo que estos piensan. El pueblo bien sabe que detrás de esta sucia campaña está el interés mezquino de quitarle a la educación una buena tajada del 4%, y si de ñapa se lleva al ministro actual y afecta la imagen del Gobierno tanto mejor.

¿Significa este largo escrito que la educación dominicana no tiene problema alguno? Por supuesto que no. Los problemas son múltiples y por eso hay un Gobierno, un Ministro y un equipo que trabajan incansablemente para darle a todos los dominicanos las herramientas fundamentales para integrarse con éxito a la senda de prosperidad por la cual el país ya transita.

Las calumnias y las fake news seguirán y se intensificarán, pero los dominicanos y las dominicanas sabrán que estas serán tan falsas como el atribuirle a Don Quijote la conocida frase de “Ladran Sancho”, que titula este artículo y que jamás aparece en obra alguna del maestro Cervantes.

En cambio, sí hace mucho sentido recordar para finalizar los versos de Goethe:
En busca de fortuna y de placeres,
Más siempre atrás nos ladran,
Ladran con fuerza…

Quisieran los perros del potrero
por siempre acompañarnos;
Pero sus estridentes ladridos
Sólo son señal de que cabalgamos.

 

Por Argelys Quiñones

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