La voz de la calle

Por Manuel Hernández Villeta
El presidente Luis Abinader dio una fina muestra de sensibilidad social y de concertación, al dejar sin efecto los trámites en torno a la reforma fiscal. En el aspecto económico, es una tarea pendiente del gobierno, pero no hay condiciones para que se implemente.

En varios artículos y opiniones por radio,  señalamos que lo más práctico era postergar la reforma fiscal, porque no existían  ahora mismo las condiciones para que fuera aprobada. Es más, a pesar del reflujo político y social era de seguro que una reforma fiscal traería actos de protesta.

Tomando en cuenta que ya estamos en la campaña política iniciada a destiempo, es difícil que en este período de gobierno se dé la reforma fiscal. Es un trago amargo, para ser apurado en una campaña partidista. El presidente Abinader  focalizaría otros objetivos que le permitirían  al Estado obtener mayores recursos.

Hay que estar conscientes de que la reforma fiscal tarde o temprano se impondrá. La paran los opositores a esas modificaciones, que van desde los empresarios hasta los partidos políticos. El gobierno puede maniobrar, pero pagando  un alto costo político que nadie quiere correr.

Si hay repostulación, no habrá reforma fiscal. Es un expediente que cuenta con pocos seguidores y aupadores. Sin embargo, está de por medio el peso de los organismos internacionales que quieren reforma fiscal y eliminación de subsidios. Los dos en el mismo paquete, y que la crisis que provoquen la paguen los dominicanos.

El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y organismos especializados de las Naciones Unidas empujan a lo que llaman una modernización del sistema tributario, y la eliminación de todos los subsidios, y que los precios y tarifas se rijan por la demanda del mercado.

Donde quiera que se implementó ese programa que estructuran los analistas de los organismos internacionales, (con saco, corbata y aire acondicionado),   llevó  a protestas callejeras, actos de violencia, desestabilización de gobiernos y choques que se pudieron evitar.

Lo primero a nivel de los dominicanos es que se pueda reorganizar y facilitar el pleno empleo, y luego a ver que hay que reformar, y que se debe eliminar.  En los cálculos de estos analistas internacionales, el hambre y la miseria son números insignificantes, pero para nosotros son una mezcolanza  de la exclusión y la miseria de millones de personas.

El presidente Abinader escuchó a los sectores que se oponen a la reforma fiscal. Debe mantener el oído atento a los que quieren forzar la eliminación de subsidios, incluyendo los de la electricidad y el GLP. Es de rigor  rechazar esas sugerencias. Un presidente sensible, siempre escucha al pueblo. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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