La voluntad popular es el voto

Por Julian Padilla martes 30 de junio, 2020

Luego de los pasados fiascos electorales que vienen desde las pasadas elecciones del 2016, luego las primarias de octubre 2019, las boicoteadas elecciones municipales de febrero del 2020 y hasta las riticadas elecciones no avaladas constitucionalmente de marzo del 2020, ahora nos situamos en las elecciones extraordinarias presidenciales y congresuales para julio 5 del 2020.

Al parecer las dos últimas JCE no han pegado una al decir por los hechos que hartamente fueron discutidos cada uno en sus momentos.

Y como todo lo político que ocurre en RD, con actos que pudieron considerarse violatorios a la ley, pero al ser políticos, siempre impunes.

La JCE una entidad que viene desgastada cada vez más con menor credibilidad mientras el tiempo paso. Se enfrenta ahora a un gran reto que
podría poner en peligro la gobernabilidad del país.

Los partidos políticos con mayor potencial de resultar victoriosos en múltiples candidaturas al congreso y varios a la presidencia de la
república, han desatado sus posiciones y su grito de guerra.

Lograr convertir las intenciones de voto en votos y que estos se apliquen sin variación a los candidatos votados, será el gran reto de este proceso
electoral.

En las pasadas elecciones municipales, en adición a que no contó con el apoyo constitucional, se montó y también fue protestada por muchos aspirantes a regidores que indicaron que en las mesas electorales le quitaban votos y se los asignaban a otras personas. Esto llegó a establecerse en demandas que se intentaron ante el tribunal superior
electoral sin éxito.

Esta mala práctica junto a lograr que las personas vayan a votar y evitar la compra de votos y la elaboración de actas que no se corresponden a los votos, constituyen las cuatro patas de la mesa del fraude electoral cada cuatro años.

Un procedimiento del que nos hemos cansado de hablar, al parecer ha recibido la respuesta del oído sordo. Porque hemos dicho desde hace ya una década, que el sistema electoral dominicano estaba instaurado para el fraude.

Al parecer no interesa al sistema ni a los actores políticos que exista la total transparencia en estos temas, pues al no tenerse, siempre queda la posibilidad del pataleo y de pescar en rio revuelto.
Por eso la cultura política dominicana se ha impuesto y no cambiará. Y cada cuatro años los partidos políticos vuelven a lo mismo. Al desafío de defender los votos en las mesas electorales. A evitar que le quiten votos a sus candidatos y favorezcan a otros.

Esto no es un tema tabú. Es la realidad electoral que siempre se denuncia.

Parte de la misma mafia política degradante que impera en nuestro país por décadas y que sugiere que no tenemos realmente democracia.

Si quisiéramos respetar la voluntad popular, tendríamos que conservar cada voto en sus urnas para poder cotejarla en cualquier momento con las actas que se elaboran.
Pero no solo esto. Sino también verificar previamente las calidad de las boletas, para asegurarnos que son las boletas autorizadas a ser utilizadas.

No sé si con la firma del presidente de la mesa es suficiente para dar validez a una boleta. O para invalidarla. Si se tiene control físico de todo el
que entra y sale de votar, no es posible que se puedan verter boletas distintas a las que se entregan en la mesa de votación.

Al fin y al cabo esa práctica que deja a las decisiones de los delegados ante la presunción de que cada quien defiende sus votos, no quita la posibilidad de que por unos milloncitos se acuerde utilizar los votos de candidatos que no ganaran para empujar al que más probabilidad tiene o al que paga para ello.
Esto es totalmente posible. Y no existe la forma de impedirlo.

Por eso insistimos. La voluntad popular no está representada en un acta.

La voluntad popular está representada en su voto.

Los votos deben preservarse en sus urnas y de esta manera se puedan cotejar con las actas en cualquier momento y de ahí en adelante poder seguir asegurando la información. Cotejando el proceso de digitar actas al computador central de la JCE para emitir boletines que respeten la voluntad popular expresadas en cada voto vertido en las urnas.
La voluntad popular está dignamente representada en cada voto, no necesariamente en las actas que siempre le sustituyen.

Por Julián Padilla

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