La verdad como estrategia política

Por Vilma Yolanda Batista lunes 10 de septiembre, 2018

Esta afirmación podría parecer en sí misma contradictoria pero cuando a los estamentos políticos se les ve el refajo a leguas la mejor estrategia para manejar la crisis de imagen siempre será confesar la verdad.

Los actores principales del poder suelen restar importancia a una situacion particular que devenga en crisis de imagen para ellos y su partido, y en nuestro país se apuesta a que un escándalo sustituye a otro hasta el olvido.

Esa práctica obsoleta se hace inviable ante una ciudadanía cada vez más pendiente y conectada por las plataformas digitales, que sirven además de histórico con el archivo de faltas al que se acude cada vez que se requiere, lo que perjudica en el largo plazo y dificulta dar un cierre real a la crisis política dejando una herida latente que se abre-cierra con intensidad según toque en la carrera electoral.

A nivel gubernamental, vemos como la tendencia es la de barajar responsabilidades, restar importancia o menguar con argumentos muy cuestionables frente al mal obrar de sus funcionarios, cuando la única opción debería ser acudir a la verdad, para lograr restaurar la imagen de gobernabilidad, aunque en el momento sea dolorosa o perjudicial.

Encubrir el desafuero suele ser la peor estrategia de comunicación, especialmente si la verdad pública se reconoce en la evolución y ligereza con que se maneja la fuente unilateral del pueblo, que usualmente espera amonestaciones severas ante la denuncia.

Apostar al silencio o a la negación rotunda para mitigar el hecho suele ser un craso error al creerse el afectado en total control del tema, obviando que independiente de involucrarse o no en el diálogo, los otros actores siempre podrán exponer su caso, estableciendo el escenario y ritmo del conflicto.

La credibilidad de un candidato, partido o gobierno es la mejor base para aportar certidumbre antes las crisis. Comunicar no solo es bombardear información conveniente, es remangarse para resolver las causas desde la raíz y cumplir con la promesa de un Estado transparente, sabiendo que no existe política sin comunicación, sino comunicación política.

Por Vilma Yolanda Batista

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