La UASD: de una idea mala a una idea buena

Por Rafael Morla sábado 4 de febrero, 2017

La peor idea o decisión que he visto y sufrido en 30 años que llevo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo es aquella que tomaron varios profesores, en nombre de FAPROUASD, consistente en boicotear el inicio del semestre 2017-1, después de una asueto docente de 60 días.

Lo anterior no tiene justificación, aunque quiera ampararse en un supuesto aumento, que siempre será pírrico en relación al daño que se ocasiona. ¿Cómo es que gentes pensantes no pueden verlo? Se trata de una crisis reiterativa, durante los últimos 30 años, que indica la necesidad de crear nuevos caminos que conduzcan a la institución, hacia el trabajo permanente e ininterrumpido, a una disciplina académica rigurosa, hacia la vida ética y ejemplar, hacia el orden institucional, en fin, al cumplimiento de la misión universitaria, tan elegantemente expresada en el Estatuto Orgánico de la UASD.

La sociedad dominicana espera ansiosa un cambio de actitud de nosotros (autoridades, gremios, profesores, estudiantes y empleados), y sin embargo, respondemos con traspiés, lo que sugiere que no se está entendiendo el momento particularmente sensible en que se encuentra la más antigua universidad fundada por Europa en América.

 

El horno no está para galletitas, ni para juego de niños, ni para campaña, ni para construir trayectorias a nadie, y menos, sobre la ruina de una institución como la UASD, grande por su historia, grande por lo que hace, y por lo que debe hacer. Somos, por demás, aunque muchos no puedan verlo, una institución rica, en bienes tangibles e intangibles, pero, durante los años 60-70, décadas de solidaridad y lucha, se nos metió en la cabeza que éramos pobres, siendo ricos. Desde entonces, andamos por el mundo mostrando nuestra pobreza, denigrándonos los unos a los otros, y ocultando las riquezas que adornan nuestro espíritu.

Uasdiano, despierta, levántate, camina, piensa y transforma la realidad. Una institución académica es ente activo y dinámico, inserta en un mundo de relaciones económicas, políticas, sociales, culturales e ideológicas, donde nada humano le es ajeno: el bienestar colectivo, la calidad de la educación, la salud de la población, la violencia, las instituciones sociales y políticas, la cultura de la nación, las ideas sobre el pasado, el presente y el futuro, el mundo de fe y creencias del pueblo, los valores y la práctica moral, y por supuesto, lo que acontece en el resto del mundo.

Un renacentista, Nicolás Copérnico, cambió el mundo, simplemente, con decir que la tierra no era el centro del universo, sino el Sol, y que alrededor suyo giraban los planetas; y un alemán del siglo XVIII, Emmanuel Kant, se le ocurrió pensar, si no era mejor partir del sujeto para llegar al objeto, en vez de la vieja usanza, que en la construcción epistémica del conocimiento se movía siempre del objeto al sujeto, produciendo así lo que se llama en filosofía la revolución copernicana.¿ Por qué no comenzamos a ensayar las vías que hagan posible que el gobierno entregue los recursos sin necesidad de vivir de rodillas?

Bajemos las manos que permanentemente tenemos tendidas frente las puertas del Palacio Nacional, trabajemos duro para construir una academia de calidad, atenta a los problemas nacionales y del mundo, ejemplar, por los valores que orientan su vida institucional. ¿No ésta una buena idea?

 

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