La transgénico y lo patológico nos pasa factura

Por Carlos Martínez Márquez lunes 23 de octubre, 2017

‘’La violencia crea más problemas sociales que los que resuelve’’. Martin Luther King

Como es de costumbre, cada mañana, inicio mis tareas cotidianas, acompañada de una taza de café o una cálida y exquisita tizana de jengibre, (para ir calentando mis neuronas), y a la vez ponerme a contemplar el firmamento y todo el entorno de lo que alimenta mi espíritu y energía- para hacer reflexiones- de carácter socio-psicológico, que envuelve a la humanidad.

Desde siempre, he creído firmemente, que la esencia de disfrutar de  una buena salud, para una larga existencia, es la de tener una alimentación basada en la convencional. Décadas anteriores, como lo fue el pasado reciente, todavía, la familia se alimentaba con lo menos nocivo posible, ya que los productos de consumo masivo, eran de fuentes naturales, sin alteración alguna de sus componentes; de hecho la comida tenía un sabor distinto a la que se consumimos en la actualidad.

Monsanto, es una empresa multinacional, dedicada a la biotecnología, para procesar alimentos transgénicos; la empresa emplea ingeniería genética mediante la manipulación de ADN para posibilitar el incremento de la productividad comestible a nivel mundial. La incursión de dicha entidad en producir plantas transgénicas para el consumo humano, data desde los inicios de los años ochenta, con el experimento de la primera planta, mediante manipulación genética; ya han transcurrido dos décadas de estos acontecimientos científicos, que han provocado una serie de transformaciones y variedades de productos para el consumo masivo.

Si hacemos una retrospectiva de lo que fue nuestro pasado reciente, notaremos, que nuestros ancestros y generaciones, como la de nuestros progenitores, disfrutaron de una buena salud alimenticia y un excelente equilibrio emocional. No se exponían a actos de violencias, guerras de sexo, etc. Y maquinaciones con tendencias a pensamientos mal intencionados, como la de asesinar a personas, al hurto o actos delincuenciales, que a la postre, se convertirían en ofensas para la sociedad.

Lo que acontece hoy día, es una revelación apocalíptica de lo que está dañando a la humanidad. Las depresiones, las acciones de violencias desenfrenadas, los suicidios y homicidios, ya forman parte de una cultura, de las que el hombre per se, no puede controlar. Estamos apelando a nuestros bajos instintos de manera flagrante y sin reparos, porque la irracionalidad del hombre se ha manifestado a no temerle a las consecuencias. Pues sí, ya somos víctimas, de ese tipo de alimentación manipulada genéticamente, que han (indudablemente) transformado el comportamiento celular de la genética de siglo 21 y por eso, estamos teniendo desequilibrios en nuestros cerebros, obedeciendo a un mandato equivocado, actuando como zombi, sin ningún tipo de orientación, arrasando y aplastando todo lo que a su paso encuentra.

El hombre, es quien ha propiciado la autodestrucción y desazón de nuestra propia existencia. Lo transgénico ha generado sin dudas, enfermedades de alto riesgo para la salud mundial. Si observamos las estadísticas globales por enfermedades respecto al cáncer, obtenemos resultados catastróficos, de gente  que mueren fruto de los inventos. Como pretexto para contrarrestar ciertas patologías y trastornos del comportamiento celular y sus modificaciones, la ingeniería genética y biotecnológica, son  máquinas indetenibles que generan cada vez más, opciones positivas y negativas, en busca de una mejor solución viable para elevar la calidad de vida de la humanidad; pero hasta ahora, lo que observamos en cuanto a los beneficios de este tipo de alimentación, es que sus efectos colaterales, han provocado en el comportamiento humano, una excentricidad en cuanto a parámetros y estándares incalificables de los tipos de violencia que están generándose en las sociedades globales. Nada de comidas chatarras, por más gourmet que sean, sus contenidos atrofian nuestras células y modifican nuestro equilibrio físico y emocional.

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