La toma de decisiones durante una pandemia

Por Eduardo Ogando miércoles 13 de mayo, 2020

 Al momento de escribir estas líneas, posiblemente la mayoría de los ciudadanos de los países afectados por la pandemia Covid-19, podrían estar haciendo juicios adversos contra los gobiernos, y las autoridades, por lánguidos servicios en las decisiones para enfrentar la pandemia.

La toma de decisiones durante una pandemia plantea desafíos similares a la toma de decisiones durante fenómenos tan complejos como las guerras, los huracanes, los desastres naturales y otras emergencias.

No me causa asombro, que los seres humanos sobre los cuales pesa la responsabilidad de decidir las ejecutorias para enfrentar una pandemia sean crucificados por la opinión pública. La probabilidad de que un gobernante o autoridad aumente sus bonos en simpatías es demasiado baja, debido a que en las decisiones tomadas en una epidemia no existe el balance o el justo medio.

Ninguna decisión para el control de una epidemia marcará el fiel de una balanza; muchas decisiones marcarán hacia la izquierda de la balanza (fallas por defecto); otras decisiones marcarán hacia la derecha (fallas por exceso). Las fallas por defecto preservan propiedades, bienes y servicios; mientras que las fallas por exceso preservan la vida; la ética epidemiológica otorga supremacía a las fallas por exceso. Es decir, salvaguardar la vida ocupa el tope en la escala de intereses.

En el caso específico de la pandemia Covid-19, que deteriora la economía, perturba el desarrollo de la vida ciudadana, presiona a las instituciones prestadoras salud, y pone en riesgo la vida del personal sanitario y de la población, no me sorprende la vacilación y los errores cometidos en la toma de decisiones, no es tarea fácil.

Dos grandes verdades subyacen en ese escenario, la primera es que los gobiernos y autoridades son tímidos para tomar decisiones que podrían tener consecuencias políticas, socioeconómicas, y legales, especialmente cuando esas decisiones podrían marcar la diferencia entre la vida y la muerte, haciendo susceptible de enjuiciamiento legal, por desaciertos cometidos en una pandemia, al tomador de decisiones.  La segunda verdad es que los técnicos que asesoramos a las autoridades, sabemos que no existe receta perfecta para control de epidemias, es aprendizaje a base del acierto y el error planteado en la metodología del ensayo.

Una pandemia parece tener inteligencia propia, maneja su agenda y ritmo, sabe modificar su período de incubación, su índice de contagio, y su morbi-mortalidad, conforme las variaciones ecológicas (vientos, humedad, clima, vegetación, etc.) Cuando una pandemia pasa a otro continente, región, país o ciudad, hace sus propios ajustes en función de las condiciones socioeconómicas y sanitarias presentes en los diferentes grupos sociales.

El virus, al entrar en contacto con poblaciones nuevas, ajusta su ritmo de contagio y su virulencia conforme al nivel de resistencia inmunitaria de esa población; entonces la pandemia revisa su agenda y la modifica haciendo más impredecible el pronóstico de los expertos. Es muy parecido a los huracanes, donde a veces se espera que sean devastadores y nada sucede, mientras otras veces, sólo se esperan vientos reflejos, y los daños son devastadores.

Con base en las explicaciones precedentes, más el hecho de que la pandemia no es de corto plazo, la forma más sabia que este servidor recomienda, es la toma de decisiones “Colegiada,” conformando un organismo con  representación de los más importantes sectores del arcoíris dominicano, que integre  representantes de los sectores mayormente impactados por la pandemia, ejemplo: Hospitales, clínicas privadas, médicos, enfermeras, educadores, empresarios, productores agrícolas, importadores, transportistas, colegios privados, sociedad civil, universidades, turismo, supermercados, la banca, motoconcho, etc., donde se buscaría el consenso de las medidas que el  gobierno pondría en ejecución.

De esa manera, los gobiernos y autoridades evitarían llevar sobre sus hombros por el resto sus vidas, los desaciertos a que la pandemia los puede los conducir. Como ejemplo, el presidente norteamericano marcará un antes y un después del coronavirus, en la percepción que sus ciudadanos y la historia le reservarán.

La oración del Credo establece que Jesucristo fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; no dice que Poncio Pilato lo crucificó…….

Protéjase todo el coronavirus todo el tiempo usted y los suyos. Gracias a este periódico por publicarme.

Gracias a usted por leerme.

Bendiciones.

Por  Dr. Eduardo Ogando, Epidemiólogo-Investigador                                        

Anuncios

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar