La Teología de la Liberación

Por Manuel Hernández Villeta miércoles 24 de junio, 2020

La Teología de la  Liberación  surgió como la cara humana y social  de la iglesia católica. Creó un gran movimiento, pero paulatinamente fue congelada. Hoy solo queda el recuerdo y algunos de sus principales ideólogos escribiendo de filosofía o impartiendo docencia.

Fue un movimiento de curas del tercer mundo, sin que la cúpula se involucrara. Nació  en las llamadas comunidades eclesiásticas de base. Estremeció a la iglesia con su mensaje cristiano dirigido a los pobres, y a poner fin a las injusticias en todo el mundo. Planteaba que se le diera a los curas la opción de formar familias.

Comenzó con incienso y olor  a capilla, pero uno de sus máximos exponentes, Camilo Torres,  abandonó la sotana y se enroló en el Ejército de Liberación Nacional, muriendo en su primer combate en las montañas de Colombia, el 15 de febrero de 1966..

Lo que sepultó a la teología de la liberación fue la posición cerrada e intransigente de la alta curia, que no aceptó cambios necesarios y vitales para la humanización  de la iglesia. Nació en América Latina tras la aparición de las Comunidades Eclesiales de Base, el Concilio Vaticano II y la Conferencia de Medellín, celebrada en Colombia, en el año 1968.

La corriente   se caracterizó por considerar que el Evangelio exige la opción preferencial por los pobres​ y  recurrir a acciones  humanas, sociales y materiales  para definir las formas en que debía realizarse la reivindicación de los marginados.​

Los primeros en definir esta corriente teológica fueron el sacerdote católico colombiano Jorge Camilo Torres Restrepo, el educador y ex-pastor presbiteriano brasileño Rubem Alves y el sacerdote católico peruano Gustavo Gutiérrez Merino.

Algunas de las ideas de la teología de la liberación eran: opción preferencial por los pobres; la salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre.

También, la espiritualidad de la liberación exige hombres nuevos y mujeres nuevas en el Hombre Nuevo Jesús.; la liberación como toma de conciencia ante la realidad socioeconómica latinoamericana y  la necesidad de eliminar la explotación, la falta de oportunidades e injusticias de este mundo.

Se necesitaba ese cambio dentro de la iglesia, que fue aplastado. Una de sus consignas es un golpe en la cara de los farsantes:  “La situación actual de la mayoría de los latinoamericanos contradice el designio histórico de Dios y es consecuencia de un pecado social”. ¡Ay!, se me acabó la tinta!.

Por Manuel Hernández Villeta

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