“La solución de los problemas por los medios de comunicación y la omnipresencia del presidente”

Por Pedro Rene lunes 26 de septiembre, 2022

La única manera imposible de resolver los problemas es la negación de la existencia de dichos problemas; o en su defecto mirar hacia los cuatro puntos cardinales, menos adonde se encuentran los problemas. La cosa se complica aún más y se convierte en un bumerán capaz de cortar cualquier cabeza, cuando se anuncia la solución de los problemas en todos los medios de comunicación habidos y por haber, pagados y requetepagados (televisión, prensa escrita, radio y redes sociales) y no se resuelve nada. Para no irme muy lejos y así evitar que la memoria me falle y a ustedes también; recuerdo un titular gigante de la primera dama de la República (doña Raquel Arbaje de Abinader) donde decía que en el CONANI no había crisis… bueno, empezando porque esa institución tenía más de un mes descabezada, hasta que llegamos al escándalo de que unas niñas se fugaron de un centro de acogida gestionado ¿por? CONANI.

En tal sentido, parece que el cerebro que dirige los pasos del presidente se leyó muy bien las diez estrategias de manipulación de Noam Chomsky y además copia al dedillo la forma de la propaganda Nazi de Joseph Goebbels; también hay que sumarle un populismo extraordinario, que ni Donald Trump lo supera y a eso  podemos agregarle una exposición mediática que no la iguala el Vladimir Putin de los años 1999-2000 (interino) y 2000-2004. Lo de Putin era de tal manera que si iba a cepillarse los dientes al baño “le metían” una cámara de televisión. Pues lo de Abinader en tiempos donde ná eh ná, es indescriptible. Yo ví a un presidente saltando charcos , vi a un presidente comiendo chicharrón en una fonda , pero nunca vi a un presidente con una maletica viajando en clase económica … ¡Bárbaro!

Del mismo modo, pudiera seguir mencionando toda la demagogia barata pero sería muy extenso. Lo que sí indigna es como a veces, uno piensa que se le ríen en su propia cara. Qué diría un dominicano en Puerto Plata, cuando ve una entrevista del presidente donde asegura que los problemas en su pueblo están resolviéndose, y ese mismo dominicano mira a su alrededor y no hay nada. Qué diría un azuano cuando le dieron un picazo hace tiempo para construirle un recinto de la UASD y lo único que hay es un letrero. Qué dirían los dominicanos cuando ven en los medios que su país, según el presidente es un modelo para la región, mientras compra gasolina cara, alimentos caros, transporte caro, energía eléctrica cara, todo caro… en fin, a los dominicanos se los está “llevando el diablo” y en los medios uno ve una realidad tan real como la existencia de la ciguapa o del chupacabra.

La Omnipresencia del Presidente. Luis Abinader se ha prometido ser el primer hombre en violar las leyes de la física, y así estar en todas partes. Si el presidente perteneciera a un equipo de beisbol, fuera el lanzador, el bateador, etc.… hasta fuera el que atrapó la pelota del home run 700 de Albert Pujols (felicidades Tito). Pero qué tan necesario es ese afán de protagonismo para alguien que ya de por sí por el mero hecho de ser Presidente de nuestro país, capta la atención de muchos tan sólo con una palabra. El modus operandi de Luis Abinader, todavía no logro entenderlo. Tampoco veo que tanta exposición le retribuya el resultado positivo que él espera. ¿Nadie de su entorno, o el cerebro que maneja sus pasos,  le ha dicho que ya es presidente y que no está en la oposición? Por otro lado, deja muy mal parado a sus funcionarios, porque en su pretensión de ser omnipresente, los opaca, les quita confianza, les baja la moral y por ende no les permite hacer su trabajo; pero si el caso es que no confía en sus funcionarios, lo cual sería algo peor, entonces debería colocar gente competente según su visión (si la encuentra en el PRM).

Finalmente, señor presidente puede que la acción no tenga la reacción deseada y nos haga recordar que el que mucho abarca poco aprieta… decía Abraham Lincoln que hay momentos en la vida de todo político que lo mejor que puede hacerse es no despegar los labios.

Por: Pedro René Almonte M.

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