La Salvación viene por la Fe, y no por las obras!

Por Rafael Feliz lunes 27 de marzo, 2017

Santiago 2:14

“Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle?”

Muchos personas se quedan perplejos con este pasaje, pensando que Santiago contradice a Pablo, quien tantas veces dice que un hombre es salvo y justificado libremente, sin ninguna obra, a través de la fe en el Señor Jesucristo y Su resurrección.

Algo que necesitamos poner en claro desde el mero principio es que la Palabra de Dios nunca se contradice.

Lo que sucede comúnmente, y sucede en este pasaje, es un problema de entender lo que la Palabra de Dios nos dice. El propósito de este artículo es ayudar a nuestro lector en la comprensión de este pasaje de Santiago 2 así como dar un panorama más completo sobre la salvación.

Empezando en la primera parte de Santiago 2:14, vemos a Santiago hablando de “alguien que dice que tiene fe”. La expresión verbal de la fe de uno, es decir, si alguien dice que tiene fe, no es suficiente para salvarle. De hecho, Pablo nos dice lo mismo también en Romanos 10:9-10 que dice:

Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”

Para que alguien sea salvo lo que se necesita es verdadera fe, fe del corazón. Tal fe es a la que se refiere la Palabra de Dios. Fe que simplemente es de la boca para afuera, es decir, que no existe en el corazón, no es verdadera fe.

Como el Señor dijo: “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). La confesión de fe es la confesión que viene del corazón que ha creído. Porque de otro modo es una confesión falsa. Si por lo tanto, como Santiago 2 dice: “alguien dice tener fe”, dos cosas pueden pasar:

Su confesión es genuina, esto es, lo que dice es verdad, o lo que dice no es genuino, es decir, aunque diga que tiene fe en realidad no la tiene. Tomemos el primer caso, el caso de una confesión genuina. Esta confesión, siendo genuina, es una confesión de fe que ya está en el corazón. En este caso, una consecuencia natural de esta fe es el fruto, las obras.

Las obras de todo hombre, es el resultado de lo que hay en su corazón. Como también en Romanos 10:10 leemos “con el corazón se cree… y con la boca se confiesa para salvación”. En otras palabras, la boca debe seguir siempre lo que hay en el corazón.

No hay salvación simplemente cuando la boca confiesa sino cuando el corazón ha creído y luego como resultado la boca confiesa esta fe. Y puesto que tal tesoro, tal árbol, tal fe, existe en el corazón es natural también ver en ese árbol el buen fruto respectivo. Por lo cual, las buenas obras son algo muy natural, tan natural como cuando un buen árbol da un buen fruto.

Ahora, aparte de este caso, también hay otro. Este es el caso de la fe que “alguien dice que tiene”, pero es fesolo de palabra. Esa es la fe de un hombre que no ha creído realmente en su corazón y quien, por varias razones, puede pretender, incluso muchas veces sin darse cuenta, ser un creyente.

Tal hombre, un hombre que “dice tener fe” pero en realidad no, NO es un hombre nacido de nuevo y por lo tanto lo único que tiene es la naturaleza pecaminosa de Adán, esto es, tiene un árbol podrido y enfermo. Y de tal árbol no hay manera de obtener buen fruto.

Si por lo tanto “alguien dice que tiene fe”, pero el buen fruto respectivo falta y pasa de manera permanente, tendríamos que preguntarnos si la fe que dice que tiene es genuina. Como el Señor dijo: “cada árbol se conoce por su fruto.

Para resumir: cuando hay verdadera fe en el corazón de un hombre, las obras saldrán naturalmente, como el fruto viene naturalmente de un árbol. Somos creados, hechos, es natural para nosotros hacer, las buenas obras que Dios ya tiene preparadas para nosotros (Efesios 2:10).

 

Comenta