La salud de la gente en la zona de confort

Por Elvis Valoy sábado 4 de febrero, 2017

El ser humano ha prácticamente minado peligrosamente su propia existencia. La comodidad y su lucha constante por alcanzar el máximo confort han desnaturalizado el sentido de la vida de la gente.

La zona de confort de las personas, que es un estado socio-sicológico y mental, en el que se evita el riesgo, conduce al peligro y a la desgracia. Esa zona de confort, que se construye con toda una parafernalia postmoderna, en donde la tecnología juega un papel estelar, recorre caminos dañinos en el buen estado físico de la colectividad.

Pero en ese blindaje de todo lo atinente a pertrecharse de marcas, lujos, artefactos, etc., que “garantizan” una vida placentera, el ser humano va perdiendo su propia existencia.

En la acelerada carrera de la ciencia y la tecnología por encontrar la fuente de la eterna duración le ha suministrado a la humanidad las herramientas para su propia liquidación. Es como si apareciera la parca, sin estarla buscando.

Hoy día, el hombre y la mujer viven rodeado de todo lo que lo lleva al confort, instrumentos que en primera instancia parecen anodinos, pero que a la postre, son los vectores generadores de grandes enfermedades.

El automóvil, los aparatos celulares, los alimentos, etc., conforman parte de las contradicciones de este mundo postmoderno, que por una parte le adhieren confort y bienestar a la gente, mientras que por la otra, la sumerge en el deterioro de la salud, provocándole en la mayoría de los casos la muerte.

El auto es capaz de producir hasta cáncer de piel, con el solo hecho de exponerlo por mucho tiempo a una intemperie de altas temperaturas. Los vehículos diésel, prohibidos en algunos lugares del mundo pueden producir cáncer de pulmón.

De los celulares es archiconocido su capacidad de generar epilepsia en el cerebro de un niño o niña, debido a su carga radiactiva. Pero que sin embargo, hasta se hace publicidad en donde aparecen infantes hablando por esos aparatos.

El sirop de maíz, sustancia química nociva para el organismo, es utilizado irresponsablemente en productos alimenticios. Los enseres para los servicios de comida son hechos con poliestireno, un sintético maléfico.

Del horno microonda y los instrumentos elaborados con aluminio ni hablar, pues es conocida su alta incidencia en forjar padecimientos irreversibles.

En cuanto a los alimentos nadie sabe en este mundo lo que está comiendo, pues a los vegetales y frutas lo producen con fungicidas y pesticidas, los cuales envenenan el producto, y a los pollos y gallinas los engordan con hormonas que van en contra de la inmunidad de quien lo consume.

Comer carne, buscando proteínas tampoco es recomendable, pues vacas, chivos, cerdos, etc. son producidos con sueros que ocasionan dolencias.

La comida chatarra conlleva a la obesidad, que luego deviene en problemas de hipertensión, cardiológicos, circulación, y otros males. La exposición en horas de la noche a la luz azul de celulares, laptop, pc, etc., genera insomnio, que a la vez le quita resistencia a signos vitales del cuerpo humano.

Las ondas que se esparcen en el espacio, como el wifi, hertzianas, etc., se ha demostrado afectan al cerebro.

Mientras todo eso ocurre, los grandes laboratorios hacen multimillonarios negocios con la salud de la gente, y cada año sus ganancias son mayores, originadas en su mayoría por un mundo sitiado de calamidades.

¡Nadie está a salvo en este mundo adulterado y arrinconado por un confort, producido por la ciencia y la tecnología, que nos lleva irremisiblemente al padecimiento y a la insalubridad! Ironías burdas e injustas de la vida.

 

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