La revolución que necesitamos

Por Rafael Alfredo Marcano Guzmán viernes 6 de enero, 2017

Resulta asombroso ver como se justifican acciones delictivas en nombre de una supuesta revolución. No puedo ocultar mi desconcierto ante tal afirmación, ya que nunca antes había escuchado que una revolución se hiciera asaltando bancos y matando a gente inocente.

Ciertamente, la sociedad dominicana padece de muchos males y deficiencias. Problemas como la inseguridad ciudadana, falta de empleos de calidad, corrupción administrativa, entre muchos otros más, pudieran dar origen a manifestaciones y protestas en contra del gobierno de turno. Quienes de manera organizada y pacifica se manifiesten estarían actuando correctamente, ya que su descontento se estaría canalizando por las vías correctas y el ejercicio de sus derechos estaría protegido por la Ley.

Todo lo contrario ocurre cuando amparado en una supuesta “causa justa” se intenta imponer el caos y el terror dentro de la sociedad. Nadie, pero absolutamente nadie está facultado ni se le puede permitir desafiar al Estado. Quienes intenten obrar de esta manera tendrán todas las de perder, ya que probablemente pagaran con la cárcel o con su vida esa decisión.

Es innegable, todos deseamos que una revolución ética y moral golpee fuertemente a la República Dominicana. Una revolución que traiga consigo más transparencia, más justicia, más equidad. Una revolución que genere más y mejores puestos de trabajo; una revolución que derrame sobre el pueblo dominicano más salud y más educación.

Estoy convencido de que esa revolución un día será una realidad. No será hoy, ni mañana, pero con el tiempo llegara para devolverle a este pueblo la esperanza y la fe.

En lo que eso ocurre no podemos quedarnos de brazos cruzados y estamos obligados a aportar en la medida de nuestras posibilidades.

La revolución que necesitamos debe gestarse en cada hogar. Se hace necesario construir familias más sólidas y estables. Se hace necesario que los padres asuman su compromiso de criar y educar mejores hijos, como el compromiso sagrado que es. Sobre los padres recae la obligación de criar hombres y mujeres de bien. Sobre los padres recae la obligación de educar con el ejemplo más que con las palabras.

¿Por qué exigirle al Estado el orden que usted como padre fue incapaz de establecer en su casa?, acaso no nos damos cuenta que el político, militar, artista o deportista del mañana se está criando en nuestra casa hoy. De nuestros hogares surge todo, en nuestros hogares está la medicina que tanto anhelamos como sociedad.

El día en que ningún padre justifique a un hijo delincuente ese día comenzamos a construir patria. El día en que ningún hijo tenga que defender a un padre delincuente ese día estaremos construyendo patria.

Iniciemos hoy con los cambios, iniciemos hoy en cada hogar dominicano esa revolución que necesitamos.