La respuesta leonelista al discurso de Abinader  (parte final)

Por Rolando Robles

Samuel Clemens, mejor conocido como Mark Twain, fue un exitoso escritor y humorista americano que nos deleitó en la niñez con sus imaginarios relatos, Las aventuras de Tom Sawyer primero, y luego, Las aventuras de Huckleberry Finn, entre otras joyas de la narración escrita. Pero, ya de adultos, lo recordamos por una aguda disquisición que hizo sobre la mentira y que plasmó en una muy sobria frase, por cierto: “Hay tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas”

Con esta sentencia de fondo, trataré de interpretar lo que dice Leonel Fernández -que no es necesariamente lo que piensa- del discurso de Luis Abinader en el aniversario de su gobierno. En la entrega anterior, nos quedamos en el punto #6 del listado, veamos algunos otros:

Sobre La inversión pública: el mejor aporte

El Profesor se queja de que el gobierno apenas ha dedicado un ¿pírrico? 6.5% del total del gasto público a la reactivación económica, luego de la calamidad generada por la epidemia de COVID, y él entiende que debió ser mayor. Leonel no aclara cuánto debió gastarse, pero, en el párrafo siguiente, nos da algo de luz sobre lo que dice la ley de Presupuesto de los límites para invertir en este año 2021, refiriéndose siempre, a pesos dominicanos.

El presupuesto es de 959,093 millones y según la ley, sostiene el propio Fernández: en gastos de capital, el gobierno está autorizado a invertir hasta 132,325 millones. En esta primera mitad del año se han invertido 30,552 millones, que representa el 23% de lo que permitiría la ley y no el 6.5% que dice el profesor. ¿Dónde está la diferencia? En que Leonel usa el referente equivocado para comparar, pero ¿lo hace a propósito?

Lo hace así porque él quiere disminuir la capacidad del gobierno en materia de aplicar el presupuesto y, además, porque está convencido de que nadie se dará cuenta del truco encubierto. Por eso les hablé de lo que pensaba Mark Twain sobre la mentira y de lo que piensa Leonel Fernández sobre la memoria de los dominicanos. También recordaré lo que dije en la entrega anterior, de esa rara cualidad del presidente de la FUPU: Él se canta y se llora, si piensa que conviene a su campaña.

 Solamente léanse de nuevo el párrafo último de esta sección del discurso de Leonel. Aquí, el candidato reconoce que el gobierno nuestro, y otros del mundo, tuvieron que aumentar el gasto público para enfrentar los estragos económicos del COVID; pero, a seguidas reclama que, tuvo que hacerlo en circunstancias que reducían los ingresos fiscales. En tales condiciones de emergencia y desempleo; no podíamos aumentar las recaudaciones fiscales, aunque quisiéramos, estimado Profesor.

 Además, me llamó la atención que el Profesor usara el término “pírrico”, como sinónimo de “insignificante” o “muy pequeño”, cuando la RAE le concede un valor comparativo en relación con el costo de los logros; o sea, es “pírrico” porque el precio pagado fue mayor que su valor, no porque sea pequeño. En términos populares se diría: “la sal resultó mas cara que el chivo”. Es muy raro una interpretación tan sesgada en un profesional del comedimiento del expresidente.

Sobre la preocupante dimensión del endeudamiento

En este acápite, el doctor Fernández se emplea en el fino arte de usar las estadísticas tal y como las considera Mark Twain. Él siempre ve el vaso “medio vacío”, cuando se trata del gobierno de Abinader. Pero, cuando se refiere al suyo, siempre ve el vaso “medio lleno”. Por ejemplo, a pesar de ser inevitable, reconoce Leonel, la deuda pública creció en unos 13,000 millones de pesos, en un año de epidemia que terminó con la vida de mas de 4,000 dominicanos.

En el futuro, esta calamidad nunca vista antes será recordada como: “el período de las vacas flacas”. Él, no sé si por inocencia o por astucia, compara este año de pandemia con los ocho últimos de sus gobiernos y resalta que, el aumento total de la deuda fue de 14,400 millones, o sea 1,400 millones mas. Claro, Fernández omite los detalles que marcan la diferencia de épocas porque, para el pueblo, sus gobiernos transcurrieron en “el período de las vacas gordas”

Sobre la recuperación de los empleos

Los últimos puntos del discurso de Fernández: Alza de precios en la Canasta Familiar, Aumento del Hambre & Subalimentación y Las Reformas Constitucionales -por motivos de tiempo y espacio- he de tratarlos en otra oportunidad. Pero, este asunto a cerca de la Recuperación de Empleos merece una miradita mas crítica porque, me parece a mí, es el que mejor explica la actitud de Fernández en su empeño por volver al poder.

Veamos las estadísticas que no refiere el Profesor: según el propio Banco Central, al final del año 2019 se estimaba en 2.5 millones, la población de empleados informales en el país. El gobierno, al decir del candidato de la FUPU en campaña, miente cuando afirma que se han recuperado 714,551 empleos de la prepandemia porque, según la

Encuesta Continua de la Fuerza de Trabajo (ECFT) tan solo se perdieron 470,000 puestos de trabajo.

El asunto es que, en un país donde una buena parte de los niños, aún en edad escolar, salen a las calles y campos a ayudar a sus padres a traer la comida a casa; donde cada día usted ve una legión inmensa de gente de trabajo, “buscándosela”, para lograr el sustento de los suyos; aceptar como buena y válida unas estadísticas que dicen que, de los doce millones de seres humanos que habitan esta nación, solamente 470,000

dejaron de trabajar durante la pandemia, como que resulta cuesta arribas admitirlas.

Allí faltó objetividad o sobró mala intención para no diferenciar los empleos formales que hay registrados, de los puestos de trabajo informales que “solamente pueden estimarse”, porque no hay registro fiel de los cientos de miles de chiriperos existentes,  que se quedaron sin trabajo por la pandemia, y que sobrevivieron por la mano solidaria de los gobiernos del PLD y del PRM (como tenía que ser) y que al mes de agosto de este 2021, ya empezaron a “camellar” de nuevo, como dice el pueblo trabajador.

Es evidente, las estadísticas son el instrumento idóneo para engañar a la gente común, la gente que confía en ciertos “líderes” y supone la buena intención de ellos, cuando en realidad, ellos sólo tratan de volver al poder y mienten con el mayor descaro.

¡Cuánta razón tuvo Mark Twain al sentenciar el ser humano y las mentiras!

¡Vivimos, seguiremos disparando!

POR ROLANDO ROBLES

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