La respuesta leonelista al discurso de Abinader ( Parte 2)

Por Rolando Robles

Como les dije antes, a Leonel Fernández hay que verlo políticamente, en el contexto de su discurso. Esto es así porque evidentemente, siendo él un “predestinado del poder”, todo su accionar estará circunscripto a “construir un discurso de vuelta al poder”. Este juego de palabras, este mejunje oral que a veces llamamos galimatías, presenta dos elementos básicos conexos, pero, diferenciados muy bien el uno del otro.

Por un lado, la oferta de un mundo donde los tiempos buenos estén siempre por venir, aquello que los mercaderes de la fe y políticos de profesión llaman “paraíso”; aunque, en el caso que nos atañe no sea “celestial” sino, más bien, “terrenal”. Lo que nos ofrece Fernández es una vuelta al “estado de bienestar” que él mal supone, que disfrutamos cuando fue presidente.

Y por el otro, para poder disfrutar de esa segunda oportunidad que tenemos de volver al edén terrenal, los dominicanos debemos, estamos compelidos a desarrollar la virtud cuasi teologal, que en este caso bien pudiéramos llamar “el síndrome del olvido”. Para retornar a ese estado maravilloso que vivimos antes, todo lo que tenemos que hacer es “creer en la sapiencia infinita del líder, pero, sobre todo, olvidar, olvidar, olvidar”   

A los creyentes, que somos la mayoría de los humanos, nos resulta entendible y hasta lógico que el Creador nos tenga reservado un estado de bienestar futuro, como premio por el hecho de creer en Él. Pero que un fariseo cualquiera nos proponga reeditar ese período de prácticas insanas, alienantes y corruptas que una vez soportamos bajo sus tres mandatos presidenciales previos, es sencillamente inaceptable.

Me permití hacer este preámbulo, un tanto sacrílego, por cierto, porque quiero dejar claro que la supuesta condición de “predestinado” o “tocado” que se le atribuye a ciertos “líderes” y candidatos, no es más que un vulgar culto a la personalidad que ellos, hasta se lo han llegado a creer; y que surge de esas colonias mentales que se cultivan al embrujo del derroche del erario público y del clientelismo político.

Pero, vayamos al grano y desmenucemos el discurso de marras, cuya razón de ser es procurar un mejor posicionamiento del profesor Fernández en la bancada opositora al PRM. En la primera entrega, señalé dos puntos que, a mi juicio, brillaron por su ausencia en la exposición señalada, pero, en ésta, trataré algunos de los doce temas escogidos por él para ilustrar “las supuestas fallas” del discurso presidencial.

Sobre el Desafío Principal

En esta primera sección de la pieza escrita, Leonel usa tres párrafos para desglosar lo  que ya conocimos por los periódicos. No hay una sola información de utilidad en estas ciento sesenta y tantas palabras, un solo juicio de valor que pueda darnos alguna luz y que no lo hayamos leído ya en la prensa. Se perdió la cacareada “conceptualización”.

En los párrafos cuarto y quinto, el autor se dedica inútilmente a desmentir la realidad que todos pudimos comprobar: las estadísticas dominicanas son exitosas frente a las de la mayoría de los países del mundo, de América y de los similares a nosotros en población, en % de defunciones y en % de vacunados, tal y como demostré en mi entrega anterior.

En las secciones sexta y séptima de este subtítulo, el presidente de la FUPU vuelve a insistir en hablar mucho y no decir nada, por una parte, y por la otra, trata de desmeritar  -sin lograrlo, desde luego- la tercera dosis de vacunas que acertadamente propuso el gobierno dominicano. Si se pasa balance a los números fríos, veremos que esa aparente temeridad de nosotros, de proponer y aplicar esa “inconsulta” tercera dosis, es lo que marca la diferencia con países como USA, donde hay una escalada de muertes e internamientos, muy por encima de los registrados en nuestro país.

Pero, al candidato de la FUPU, parece molestarle ese éxito que ha tenido el Gobierno o talvez, sólo sea GADEJO, como dice el pueblo.

Sobre las Áreas que no han sido debidamente atendidas

Aquí es donde “la puerca retuerce el rabo”, como dicen en mi campo. Fernández ya perdió el sentido común, porque eso de criticar el sistema de salud existente, donde él en persona es responsable, más que cualquier otro expresidente -por los doce años que se pasó gobernando- del cúmulo de falencias acumulado, evidencia un profundo cinismo y una irresponsabilidad mayor. Leonel, señores: no tiene prigilio.

Sólo para ilustración, les diré que aquí en Nueva York, donde el presupuesto de salud  es miles de veces mayor que el de Quisqueya entera, hay retrasos de hasta un año en las citas y procedimientos ordinarios. El COVID-19 ha abarrotado todas las áreas de servicio de los hospitales, desde emergencia, laboratorio, cirugía, servicio social, radiografía e imágenes, hasta los consultorios y servicios ambulatorios. Y todos sabemos que el cuidado de la salud en USA es superior al de Quisqueya.

Pareciera que el profesor Fernández sufrió un lapsus mental -algo muy ordinario en su edad- pero, inadmisible en un discurso que se supone es planificado y chequeado por un equipo de asesores. Probablemente ahí sucedió lo que algunos suponemos, otros tratan de encubrir y el pueblo ya empezó a entender: el discurso político es otra cosa y más, si se está en búsqueda del poder, donde todo se vale, hasta declaraciones insostenibles y falaces, siempre que sea contra el competidor.

No importa lo “conceptualizador” que usted sea o crea que es; a la hora de procurar la vuelta al poder, los políticos son todos iguales: hipócritas y mentirosos viscerales. Hay algunos que no cuidan los movimientos bruscos y suelen abajarse sin pensarlo y dejan expuestos “sus sentimientos más íntimos”.

Pero, tengo que tratar los otros temas del discurso del Perínclito y, el tiempo y espacio están muy limitados. De manera que, en la parte tercera de este escape mío en su favor, trataré varios de los otros puntos señalados por él como grandes fallos de Luis Abinader al evaluar su primer año de gobierno.

Para terminar esta segunda parte, quiero reconocer la colaboración de un caro amigo leonelista que, aun y cuando no comulga conmigo, siempre tiene el espíritu de discutir civilizadamente los asuntos de interés. Pretendiendo responder a ese “párrafo infame” (siempre según él), referente a los políticos que pretenden volver al poder, Ernesto Méndez me pidió que cerrara con esta frase del maestro León Tolstoi en su laureada novela, Ana Karenina y que dice:

“Todas las familias felices se parecen entre sí, pero cada familia es infeliz a su manera”

Realmente no alcanzo a entender la analogía de mi amigo “tri one” pero, husmeo que ustedes si podrán.

¡Vivimos, seguiremos disparando!

POR ROLANDO ROBLES

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