La renovación de la política

Por Adolfo Perez De Leon Martes 7 de Febrero, 2017

Nuestro país ha ido perdiendo la fe en la política. Es innegable. A fuerza de desencantos, los hombres y mujeres que debieron empujar para hacer posible una opción para detener la ambición de poder y plantear un cambio de rumbo positivo se han encontrado inmovilizados.

Ese descrédito de la política y de lo político plantea importantes retos. Supone, además, la gran tarea de reivindicar, desde el terreno social y ciudadano, la posibilidad de renovar la política para volver a ella como instrumento auténticamente transformador.

Esto que parece una ilusión, sin embargo, es la única garantía de mantener y mejorar la democracia esclerótica que nos ofrece pocas posibilidades de expresión y que ha permitido que el Estado dominicano se haya convertido en una piñata.

Rehabilitar la política supone dotar de sentido crítico a un grupo de personas que hoy sólo tienen desazón y la voluntad adormecida.

Recomponer espacios de pensamiento que proyectaron en el pasado la esperanza, descontinuar las malas prácticas que llevaron al proyecto liberal dominicano a la ruina son puntos necesarios para un quiebre con el modelo actual; un modelo, que excluye y condiciona, que impide el desarrollo sano para dar paso al delito por el poder, a la corrupción sin consecuencias, a la impunidad como regla.

En América Latina se reproducen modelos de gobierno en base a un mismo molde. Las posturas que podrían significar opciones de desarrollo acaban convirtiéndose en estrellas distantes, en ideologías enlatadas.

República Dominicana, como el resto de Latinoamérica, acude al cuadrilátero en el que la política más que un asunto de construcción de ciudadanías y democratización del Estado se ha convertido en un relato de pasiones por el poder, desfalco de las arcas públicas y personalización de la democracia.

El Estado ha pasado a entenderse como la representación teatral de una figura presidencial, donde el fin siempre justicia cualquier medio. Las políticas públicas, son asumidas en la medida que puedan reproducirse en los medios de comunicación y apelar al sentimentalismo.

La personificación de ideales en individuos sugiere un nuevo modo de dictadura, propone mecanismos modernos de represión, una falsificación de las libertades reales.

Solo una ciudadanía que observe y actúe en la vida política nacional conseguirá detener los desmanes infligidos a la cosa pública por parte de quienes ostentan hoy el poder, así como quienes intenten aparcelar el Estado.

A lo largo de la historia del país, solo cuando la ciudadanía se hace cargo de impulsar las acciones generadoras de cambio, la población ha visto satisfecha parcial o totalmente sus demandas.

Es involucrándonos, movilizándonos y participando activamente como estaremos en capacidad de renovar la política para regenerar nuestra democracia, para que funcione, y sea útil a la gente.