La recuperación de la confianza

Por Borja Medina Mateo lunes 2 de abril, 2018

Cuando se pierde la confianza, en algo o en alguien, todo se torna sombrío, dudoso e incierto. La perspectiva de las relaciones humanas cambia, el modo de ver nuestro alrededor se oscurece y la posibilidad de recuperación se escasea, a punto de confundirse con pesimismo.

Y es que, al relacionarnos creamos un vínculo que se cimienta, fundamentalmente, en la confianza. De ahí, que pueda consolidarse en el tiempo hasta llegar a la más profunda intimidad de nuestros sentimientos.

Sin embargo, puede devenir una situación adversa que haga ese vínculo desaparecer. Ahí surge, entonces, la desilusión, la amargura, la desesperanza, el distanciamiento, en fin, la perdida de confianza que, muchas veces, aparenta ser imposible de recuperar.

En la vida

He crecido escuchando de boca de mi madre la siguiente frase: “Cree en lo que la gente hace, no en lo que la gente dice”.

 Dicha frase muestra que, verdaderamente, nada es más contundente que las acciones para ganar o perder confianza en una persona. Los hechos hablan por sí solos. Las acciones reflejan las reales intenciones que puede albergar un individuo, las cuales, sean buenas o malas, acercan o distancian las relaciones interpersonales.

Así lo sentenciara Aristóteles con estas esclarecidas palabras: “Los discursos inspiran menos confianza que las acciones”.

Puede pasar, por ejemplo, que una amistad atraviese una situación tensa y, por ende, haya distanciamiento. Ahí, la desconfianza llega a escena por asumir, simplemente, que dicha lejanía supone la desaparición de los valores, principios y vivencias que la han forjado a lo largo del tiempo. Pero, si las partes no hacen otra cosa que callar y apartarse, sin lugar a dudas que, la confianza se debilita.

Lo mismo ocurre en las relaciones de pareja. En palabras de Ortega y Gasset, “la fidelidad es la confianza erigida en norma. O sea que, ciertamente, no hay mejor forma de consolidar o recuperar la confianza en una relación amorosa que con pruebas de devoción, entrega y fidelidad.

Así pasa en otros aspectos de la vida. Se requiere de hechos, acciones y actitudes que indiquen la veracidad del compromiso con dicho vínculo, lo cual no es suficiente mediante el uso de la palabra.

En la política

Cuando el Partido de la Liberación Dominicana asume el poder por segunda vez, en el año 2004, el país atravesaba por la más severa crisis financiera y económica de los últimos tiempos. Además, la comunidad internacional y la propia sociedad dominicana habían perdido la confianza en las posibilidades de crecimiento de cara al futuro inmediato.

Pero no fue así. El PLD supo orientar el rumbo del gobierno rápidamente. Las medidas adoptadas por la nueva administración comenzaron a recuperar la confianza a nivel nacional e internacional. Por tanto, es lógico pensar que el partido morado sabe, muy bien, cómo devolver la confianza a las instituciones financieras foráneas y, también, al pueblo en sentido general.

Ahora bien, las últimas declaraciones a la prensa por parte de algunos miembros del Comité Político, ¿Dejarían entrever desconfianza en ese órgano del PLD? ¿Se puede pensar que la disminuida periodicidad de sus encuentros se debe, en gran medida, a un ambiente en el que se ha perdido la confianza para tratar sus temas?

Si esas preguntas encuentran respuestas afirmativas, entonces, los retos de esa organización son mayores de lo que se piensa. Debido a que un partido político supone el aglutinamiento de personas que comparten ideas y pensamientos de tipo económico, político y social.

Sin embargo, debe primar la confianza que permita, entre sus principales miembros y en toda la organización, la expresión de las diferentes visiones y criterios de hacia donde se dirigen como partido y como gobierno.

Para que eso pueda darse tienen que ocurrir dos cosas. Lo primero es hablar y actuar con honestidad, coherencia y claridad. Porque si sus principales líderes abordan los temas de forma individual y ambigua, facilitan la creación de una “realidad incierta” que podría ser punta de lanza de la oposición que habría de surgir.

En segundo lugar, la cúpula peledeísta debe ceñirse a la conceptualización interna, discreta y disciplinada. En un marco de objetividad, razonabilidad y constitucionalidad. De esta manera puede renacer el deseo de preservar la unidad ante cualquier diferencia, lo razonable ante el interés particular y lo justo frente lo conveniente.

En todo caso, volver al compañerismo, la solidaridad y la amistad siempre será la mejor alternativa para reestablecer la confianza disminuida. Lo que sirve, sin el menor resquicio a la duda, en la política y en la vida en sentido general. Así se hace cuando algún vínculo fue unido, alguna vez, de manera sincera, leal y transparente.

En fin, en la historia deberán prevalecer dos cosas: la dignidad y la verdad.

Cosa difícil para quienes son capaces de todo para quedar en

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