La política exterior de un Estado y la economía

Por Víctor Manuel Peña lunes 16 de noviembre, 2020

La política exterior de un Estado debe ser y tiene que ser una expresión de la soberanía del Estado.
El canal inmediato y más expedito para la ejecución de la política exterior (o la política internacional) de un Estado es la diplomacia.
La política exterior de un Estado tiene que ser un instrumento al servicio permanentemente de sus intereses y de las causas que éste asuma en el contexto de la comunidad internacional.

Todo Estado soberano -grande, mediano o pequeño- tiene una política internacional.
La política exterior, o la política internacional, está permanente e inextricablemente vinculada a la economía.

Y hablo de la economía para precisar y apuntar que ésta nunca se ha reducido a los mercados, aunque naturalmente los incluye siempre.
Un Estado pequeño no está en capacidad de decidir nada en la escena internacional y mundial con su política exterior o su política internacional.

El primer principio geopolítico o de la geopolítica es que el Estado es un ser vivo.
Y el segundo principio de la geopolítica es que la economía manda.

A esos principios geopolíticos se agregan otros dos principios: el peso determinante de la historia y que los Estados no tienen aliados eternos sino intereses permanentes.

El primer principio establece taxativamente que el Estado es un ser vivo, lo que significa que nace, crece, se desarrolla, se reproduce y hasta puede perecer o desaparecer.

Y el segundo principio habla de que la economía manda porque el concepto de economía es mucho más amplio que el concepto de mercado.
La producción y el consumo no son en sí actos de intercambio o de mercado, por el contrario, son actos de transformación de unos recursos en otros.

En el caso de la producción es un típico acto de creación, gracias a la acción transformadora de la fuerza de trabajo, de los bienes utilizados como insumos o inputs -materias primarias, otros bienes intermedios y las mismas maquinarias- para producir otros bienes que pueden ser bienes de consumo final, bienes intermedios o bienes de capital dependiendo de la naturaleza de la industria.

Los bienes de capital, conforme a la vida útil y a la depreciación asumida, transfieren gradual y parcialmente su valor a los nuevos bienes creados.
El consumo de materias primas, bienes intermedios y bienes de capital es un consumo productivo que se llama consumo intermedio porque con él se da paso, gracias a la acción transformadora del hombre, a otros bienes.

El consumo final, consumo de familias y de individuos, es un consumo improductivo porque con él no se da paso a la creación de nuevos bienes sino a material de desecho gracias al metabolismo humano.

Es cierto que la producción y el consumo, fase inicial y fase final del proceso económico, están precedidos y seguidos de actos de intercambio o actos de mercado, pero repito que la producción y el consumo no son en sí actos de intercambio o actos de mercado.
Las fases del proceso económico son producción, distribución, circulación y consumo.

Los actos de intercambio o de mercado entran propiamente en la fase de circulación del proceso económico. Dentro de la fase de circulación están el almacenamiento, el transporte de los productos y la compra y venta de los mismos.

El poder económico de una nación reside en el desarrollo y diversificación de las estructuras de producción, desarrollo que comienza con la industria ligera, o industria productora de bienes de consumo, y termina con la industria pesada o industria productora de máquinas. El desarrollo económico y social de los países desarrollados o industrializados no puede explicarse al margen del desarrollo y diversificación de la industria pesada.

Los procesos de urbanización en el mundo están marcados por los procesos de industrialización.
Las potencias, y más las grandes potencias, pueden tomar, y al efecto toman, medidas en el campo de la política exterior o de la política internacional que pueden afectar la economía y los mercados en áreas sensibles como productos básicos, alimentos, productos energéticos, medicinas y las tecnologías.

Y ello así porque la lucha por la hegemonía mundial entre las grandes potencias es la lucha por el control de los circuitos claves de la economía mundial o del proceso económico a nivel mundial comenzando por el control de los recursos naturales.

Los mercados son solo una expresión particular de los circuitos de la economía mundial.
O sea que la política internacional de las potencias puede tener efectos sobre la economía en general y los mercados en particular.
La República Dominicana tiene que tener una política exterior soberana e independiente que le permita insertarse dinámicamente en la comunidad internacional a través del establecimiento de relaciones diplomáticas con todos los Estados soberanos del mundo incluyendo todas las potencias.

La política exterior de un Estado soberano como la República Dominicana no debe estar subordinada ni ser una copia fiel de la política exterior de ninguna superpotencia o potencia.

Esa política exterior soberana no debe perder de vista tres cosas: 1) Nuestros principales socios comerciales son Estados Unidos y Haití, 2) La diplomacia y el servicio exterior dominicano en sentido general deben participar activamente en la diversificación de nuestros mercados exteriores o mercados de exportación, de la promoción de nuestros productos de exportación, los cuales deben ser sometidos a un proceso de diversificación, y promover nuestro país como destino seguro para atraer inversión extranjera directa e inversión de portafolio y 3) La diplomacia, guiada por los servicios de inteligencia, debe conectarnos con los principales centros de generación de conocimiento científico, de tecnología y de innovación en el mundo.

No queremos una diplomacia para el ejercicio del turismo en el mundo sino para estar permanentemente trabajando a favor de nuestros intereses y de nuestras causas en el mundo.

Hay que crear escuelas de diplomacia en las universidades del país para que los nuevos incorporados al servicio exterior tengan la debida formación académica e intelectual y adquieren experiencia en el ejercicio de la diplomática.

Claro, la escuela de diplomacia que hay en la Cancillería debe seguir funcionando, y más aún, modernizada y actualizada.
No basta con ser político de carrera para ser incorporado a la diplomacia o al servicio exterior, es preciso haber adquirido formación teórica en un escuela de diplomacia.

Hasta ahora la mayoría de los diplomáticos son militantes políticos que se han formado a la carrera a partir del nombramiento en el servicio exterior como embajadores o como cónsules.

Hay que dar un gran salto cualitativo hacia delante en la definición y ejecución de la política exterior y en el desarrollo de la diplomacia.
En conclusión, el Partido Fuerza del Pueblo tiene que tener una línea política internacional progresista y progresiva distanciada del discurso neoliberal.

Autor: Dr. Víctor Manuel Peña

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