La Pobreza desde una torre

Por Ricar Rodríguez jueves 4 de abril, 2019

La vida es por etapas, aseguran personas que generalmente son de edad avanzada, y lo dicen con la intención de justificar el aquí y ahora: a veces un presunto éxito fundamentado en una que otra “suerte” y del otro lado está la gran mayoría, tan fragmentada que asegura que es minoría y que eso se debe a que la vida, u otra fuerza anormal obró para que su destino sea la desgracia eterna.

Este sistema de hegemonía, no solo económica sino también mental, la ejerce la minoría poderosa que presume ser la mayoría, sobre las minorías, que si las unimos son la mayoría.

Si lo analizamos desde el punto de vista de los grandes pensadores sociales de la humanidad, la derecha sigue controlando al pueblo de la misma forma que como lo hacía hace siglos, solo ha cambiado el método.

A través de la historia el capitalismo ha evolucionado, ha cambiado como el mundo lo ha hecho desde que Marx escribió su ultimo trabajo hasta la fecha.

Hoy en día los que estudiamos la política y la ejercemos le llamamos Neoliberalismo a lo que es un capitalismo salvaje, que desgarra el alma del pueblo, actualmente de muchos países del mundo gracias a la globalización, como si el ser humano fuese una cosa.

Mientras la contraparte de ese capitalismo salvaje evolucionado, viralizado, como si consumiera esteroides, el Socialismo en sus diferentes formatos, está apocopado, en muchos lugares desacreditado y hasta amedrentado gracias a la mano derecha del Neoliberalismo: el Mercado.

Ese Mercado viene siendo el poder factico, casi directo, que mete su mano en toda vida que existe en la faz de la tierra; ya no hay como escapar de la realidad, vivimos en un mundo donde los derechos y deberes cada día son mas discursivos y menos axiológicos, donde el individualismo es la costumbre y el dicho “el que nada tiene, nada vale” es más sonado que el que dice “haz bien y no mires a quien”.

Vivimos en un sistema en el que lo público es pésimo y lo privado para unos cuantos, donde la delincuencia es común, y desconfiamos de los llamados a protegernos, llevamos un estilo de vida casi extremo, cuando salimos de nuestras casas no sabemos si vamos a regresar.

Es penoso. Pero no todo está perdido, así consideramos los optimistas, luchadores y soñadores, pues podemos darle un giro a la historia que estamos escribiendo, reivindicarnos, y todo está en manos de nuestra generación, los “millennials”, tenemos el mundo en nuestras manos.

Vamos a trabajar por el prójimo; si yo trabajo por los demás y ellos por mí, la carga es menor.

Vamos a romper con la desigualdad; hagamos que lo publico sea de calidad y lo privado accesible.

Vamos a leer, estudiar, así creceremos; rompamos con ese cinturón de fuerza que es la pobreza.

Vamos a dejar de ver al que vive alto como inalcanzable, ¡y vamos a dejar de ver a la pobreza desde la cima de una torre!

 

Por Ricar Rodríguez

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