La persecución de la corrupción

Por Ramón Cabral

Hemos dicho que la corrupción se refiere a la acción y efecto de corromper (depravar, echar a perder, sobornar a alguien, pervertir, dañar).

De la corrupción política podemos decir que esta se refiere a los actos delictivos cometidos por funcionarios y autoridades públicas que abusan de su poder e influencian al realizar un mal uso intencional de los recursos financieros y humanos a los que tienen acceso, anticipando sus intereses personales o los de sus allegados, para conseguir una ventaja ilegítima generalmente de forma secreta y privada.

La corrupción política es una franca violación de todas las leyes y normas institucionales de una nación, cometida precisamente por políticos en el ejercicio de sus funcionales estatales para las que fueron electos o nombrados.

En República Dominicana la corrupción política se ha convertido en una mala práctica común y reitera, pues cada cuatro años se lucha para llegar al poder, no para servirle a la nación como demagógicamente se promete, sino para servirse de la cuchara grande una vez sean electos o nombrados y, claro está, se ha arraigado en los más recóndito de los corazones de nuestros políticos corruptos.

Claro está, yo estoy totalmente de acuerdo que la corrupción política, cometida por los políticos, no debe jamás quedar impune y que, por tanto, debe ser perseguida sin la menor tregua, hasta que se logre finalmente la condena, con despojo y cárcel de los que hayan robado.

Yo no me opongo que se caracterice como persecución política todo el proceso de investigaciones, sometimientos, condenas, despojos y cárceles de los políticos que hayan cometido actos de corrupción en el ejercicio de sus funciones.

Lo que importa es castigar como es debido a los políticos corruptos, despojándolos de todas las riquezas mal habida, metiéndolos a donde tienen que estar, en la cárcel. Me parece que con este correcto proceder se estaría buscando la transparencia que tanto se ha deseado, lo que se traduciría en un correcto ejemplo tanto para las presentes como para las futuras generaciones, algo esencial para que nuestra nación pueda alcanzar algún día el tan cacareado desarrollo económico por el que tanto hemos luchado, un aspecto vital para eliminar de una vez y por toda la pobreza extrema en la que se encuentran cientos de miles de dominicanos.

De manera que no podemos, bajo ninguna circunstancia, hablar de un Estado legítimo mientras los políticos corruptos anden sueltos disfrutando las riquezas que se han robado y el país atravesando por decenas de problemas sociales y económicos sin resolver por la falta de recursos, problemas que se han agravado con la llegade de la pandemia.

La persecución a la corrupción política es y ha sido un vehemente y viejo deseo de todos los sectores sensatos y diáfanos de nuestra nación, preocupados por el bienestar y por un mejor destino para las presentes y futuras generaciones.

Y no está demás recordarle a los actuales funcionarios, sobre todo, a los judiciales, que las encuestas siempre arrojaban el vehemente deseo de los votantes de que la organización que llegara al poder persiguiera a los corruptos.

Además, considero que la persecución a la corrupción política es y debe ser una acción judicial permanente, las 24 horas, los 7 días de la semana y los 12 meses del año, hasta que los políticos delincuentes paguen por los actos de corrupción que han cometido y sin que nadie quede impune, para devolverle a la sociedad el saneamiento necesario para poder echar hacia delante.

Los políticos corruptos y ladrones cada cuatro años se apoderan de cuantiosas riquezas y recursos que son, claro está, indispensables y necesarios para encarar y resolver los enormes y múltiples problemas económicos y sociales que padecemos como nación.

Si esas riquezas y esos recursos no son recuperados debidamente mediante acciones judiciales, entonces los políticos corruptos y ladrones se saldrían con la suya, disfrutarían a su ancha todo lo que se han robado, mientras nuestra nación se hunde en la miseria y en el atraso y, más que eso, se seguiría creando un mal precedente y un mal ejemplo para el comportamiento de las presentes y futuras generaciones de políticos cuando ocupen un cargo público.

Para nadie es un secreto que con la llegada de la pandemia nuestros problemas sociales y económicos se han agudizado aún más, lo que ha provocado que hoy en día nuestra situación sea mucho más delicada. Y este es precisamente el mejor momento para apelar a la acción judicial y legal contra los políticos corruptos, para despojarlos de las riquezas que se han robado y estas riquezas entonces se emplearían para encarar la presente situación delicada en la que nos encontramos.

Insisto, no importa en lo absoluto que se alegue persecución política, las acciones judiciales y legales deben ser ejecutadas con valor y sin temor, caiga quien caiga, para devolver a la nación todas las riquezas robadas, que es precisamente lo que sí importa para el saneamiento de nuestra vida pública y administrativa.

La corrupción, impunidad y complicidad, quizás no sean los tres peores flagelos de nuestra nación, pero si han sido letales, perjudiciales y las peores trabas para el tan deseado desarrollo económico que eliminaría la pobreza extrema

De manera que, desde aquí, hago un ferviente llamado a todos los funcionarios judiciales del país a que se armen de valor, de coraje, de fortaleza y de firmeza y emprendan todas las acciones legales y judiciales que sean necesarias para que ningún político corrupto se quede con lo que se ha robado.

Desde hace muchos años nuestra nación ha requerido y necesitado que el flagelo de la corrupción sea encarado de verdad, con voluntad, si es verdad que queremos superar nuestros atrasos.

Si no somos capaces de perseguir a los políticos corruptos, entonces nos estamos convirtiendo en cómplices de uno de nuestros peores males históricos.

Por Ramón A. Cabral

 

 

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