La paradoja de Dios

Por Gregory Castellanos Ruano

He aquí, yo conozco vuestros pensamientos.

Y las imaginaciones que contra mí forjáis.

(Job, 21:27; La Biblia)

Una idea insana se posesionó de mí.

(Wells, Herbert George: La guerra de los mundos; capítulo “La ciudad muerta“.)

 

Un fantasma de nuevo cuño recorrió ruidosamente a Europa de un confín a otro.

La revelación pública  -más de catorce (14) años después-  del contenido de la carta que en el dos mil siete (2007) el señor Karl Heinz les dirigiera a los Directores de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) y al Laboratorio Europeo de Física de Partículas causó una ola generalizada de opinión pública en todos los rincones de ese continente y puso a sus millones de habitantes a pensar, a especular y a opinar.

En ese contexto, alguien de un país con una gran tradición religiosa que, en un momento dado de la Historia, le llevó incluso al extremismo, les dirigió una carta común al señor Heinz y a dichos Directores de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) y al Laboratorio Europeo de Física de Partículas.

Si conmocionadora fue la epístola del señor Heinz no menos lo fue la nueva que apareció en el ambiente de opinión pública, y lo fue más para los sectores del mundo religioso cristiano, pues esta tocaba aspectos prácticamente desgarradores debido a que cosas que son asumidas por esos sectores como artículos de fe eran expuestas desde un punto de vista literalmente racionalista dejando, a la vez, entrever que aquéllos que tuviesen la osadía de acometer cualquiera de las dos eventuales empresas a que en ella se aludía eran también una consecuencia de una lectura y de un análisis estrictamente racionalista de lo que muchísimos llaman “el libro sagrado“ por este contener “la palabra sagrada“.

De lo que hablaba esta “bomba“ que era esta segunda carta consecuencia de la primera, era de algo que para esos sectores religiosos era un atrevimiento que venía a corroer y a disluir el manto sagrado bajo el cual se concebían dicho “libro sagrado“ y dicha “palabra sagrada“ de la que el primero era considerado su receptáculo.

No fueron pocas las expresiones airadas de muchos líderes religiosos cristianos ante lo que consideraban un irrespeto a la divinidad y a su carácter sagrado por poner sobre el tapete cosas que eran enfocadas por ellos a través de la fe para por esta dichas cosas ser consideradas dogmáticas y, por ende, jamás cuestionables bajo ningún concepto.

Decían: que aceptar semejante enfoque racionalista era contrario a la naturaleza sobrenatural y divina del ser al que millones y millones de seres humanos habían seguido y siguen; que en realidad su contenido no eran otras cosas sino “ataques solapados a la religión cristiana“; que el mismo no era más que “hipocresía cuestionadora“ “del primero y más grande dogma sobre el que se edifica la fe cristiana“.

El Papa manifestó concretamente: “Es un ataque desconsiderado: se trata de un ataque sacrílego contra el pilar primero del mundo cristiano; en nombre de la religión cristiana éste señor ataca el primer cimiento de la misma. Lo que él ha hecho con esa carta es comparable a que un asesino le clave un gancho en los intestinos a una persona y empiece a jalar violentamente dichos intestinos con ese gancho. Es un sacrilegio monstruoso que horroriza a la grey cristiana.“

La segunda carta fue hecha no en forma física como la del alemán Heinz, sino en forma digital desde un blog que aunque tenía mucho tiempo de existencia era prácticamente un total desconocido hasta para la mayoría de los conocidos y de los vecinos más cercanos a su autor. Pero la naturaleza del asunto que se trataba en dicha carta dio lugar a que algunos de los que la habían leído la propagasen reproduciéndola in extenso a través de las múltiples modalidades de comunicación digital a las que tenían acceso; y cuando a uno de dichos lectores se le ocurrió la idea de traducirla al idioma Inglés fue que entonces la bola de nieve creció y creció de verdad pasando de país a país y de un idioma a otro, lo que ocasionó que los periódicos digitales y los periódicos físicos europeos hiciesen exactamente lo mismo que hicieron precedentemente con aquella carta del señor Heinz: publicarla masivamente reproduciéndola in extenso.

La nueva carta que se había convertido en la nueva sensación de Europa decía así:

 

“5 de Noviembre del año dos mil veintiuno (2021),

Madrid, España

Señor: Karl Heinz

Señores: Directores de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN)

Señores: Laboratorio Europeo de Física de Partículas

Distinguidos Señores:

Pude leer con gran detenimiento e interés y con no menor preocupación la carta del señor Karl Heinz de fecha veintiséis (26) de Febrero del año dos mil siete (2007) por la reproducción que de la misma hicieron recientemente periódicos físicos y digitales suizos y luego todos los periódicos físicos y digitales de Europa tras la explosión de la bomba que fue plantada en el almacén de archivos del Gran Colisionador de Hadrones  (Large Hadron Collider, LHC).

El señor Heinz se refirió en ella a los peligros que yo considero “menores“ de la eventualidad de que el hombre pudiese llegar a adquirir y dominar la tecnología de viajar en el espacio-tiempo. ¡Y tremendos  peligros “menores“ esos a los que él se refirió!

El mayor de los peligros:

¿Pensaron ustedes en cuál sería el mayor de los peligros de que el hombre pudiese llegar a adquirir y dominar esa tecnología de viajar en el espacio-tiempo?

Yo he pensado en torno a ese punto y me he preguntado: ¿Acaso no lo sería el hecho de querer alcanzar a Dios en el momento mismo de la creación y tener la tentación de superarlo y suprimirlo?

La Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) y el Laboratorio Europeo de Física de Partículas con su Gran Colisionador de Hadrones (LHC) han hecho o han causado que se vuelva a poner sobre el tapete lo concerniente a la existencia o no de Dios. Nos han llevado nuevamente a ese punto, mejor: a ese embrollo tremendo.

¿Qué verían quienes hagan ese viaje en el espacio-tiempo al pasado, a hace miles de millones de años (a verdaderos eones), para ver a Dios al momento de principios de la creación? ¿Cómo es Dios? ¿Cómo son el rostro y el cuerpo de Dios?

Según La Biblia la imagen de Dios es la imagen de un ser humano, pues en ella, en la parte del Génesis, se narra que Dios creó al hombre “a su imagen y semejanza“. De conformidad a eso, y desde una perspectiva estrictamente racionalista, totalmente lógica, lo que debería ser visto, pues, es un ser con la misma apariencia de nosotros los humanos. Ello seguiría siendo confirmado con el hecho de que en Hebreos 13:1-2 en relación a los ángeles, que son los enviados de Dios, se expresa algo que hace inferir que dichos enviados de Dios también tienen forma humana; en efecto,  en esa otra parte de La Biblia se expresa: “Sigan amándose unos a otros fraternalmente. No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos sin saberlo, hospedaron ángeles.“

Como ha expresado el señor Heinz: el tener el dominio de poder viajar en el tiempo hacia el pasado y hacia el futuro le permitirá a quien ejerza dicho dominio la elaboración y la reelaboración del pasado; y, como también él precisa, cuando se habla de elaborar y reelaborar el pasado se hace referencia no sólo al de cualquier persona, no sólo al de cualquier sociedad, no sólo al de cualquier nación, y no sólo al de cualquier planeta, sino también, y esto lo añado yo, hasta elaborar y reelaborar al pasado de Dios; pues el que tenga el dominio de poder viajar en el tiempo hacia el pasado y hacia el futuro podrá   ´-como correctamente él lo subraya-   alterar todo, absolutamente todo;  que nadie lo dude: tengo la creencia de que el motor de viajar en el tiempo convertiría al hombre en un nuevo Dios, en otro Dios. Y lo colocaría en condiciones de hasta disputarle su lugar a Dios. Todo podría ser suprimido y todo podría ser reelaborado, incluyendo a Dios y su lugar en el Universo y en el Multiverso.

Poder llegar a ese momento de la creación tentará al hombre respecto de quitarle la supremacía a Dios.

En esto jugará, es decir, incidirá mucho si Dios es o no un ser mágico, un ser por arriba o no de la ley natural.

Si Dios es realmente un ser sobrenatural porque de manera innata está colocado por encima de la ley natural entonces los esfuerzos para superarle suprimiéndolo serían vanos.

Pero si es un ser igual como nosotros al que su dominio de las ciencias le permite desplegar sus “poderes“ entonces el pugilato realmente sería dable. El quid, pues, dependerá de si Dios es o no un “Mighty“, es decir, un “poderoso“ natural, o, mejor, un “All Mighty“, esto es, un “todopoderoso“ natural.

Eso sí: puedo asegurar que si la expedición al lugar y al momento mismos de la creación se encuentra con quien ella quiere ver se encontrará con un ser sumamente susceptible, iracundo, del cual tendrán que cuidarse (tal como se desprende de la apreciación de la narrativa bíblica que va desde la expulsión del Edén de la primera pareja humana hasta el nacimiento de Jesús   -largo período del cual se ocupa el denominado Viejo Testamento-; pues a partir del Nuevo Testamento lo que parece desprenderse es que Dios se cansó de usar métodos drásticos, violentos, para hacer respetar sus mandatos y que optó por pasar a experimentar con la persuasión y el pacifismo de Jesús).

Ustedes, señores de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) y el Laboratorio Europeo de Física de Partículas, podrían estarnos encaminando de “la paradoja del abuelo“ a “la paradoja de Dios“.

Ustedes saben mejor que yo que “la paradoja del abuelo“ consiste en la hipótesis de que alguien del presente viaje al pasado, vea a su abuelo y lo mate: ello ocasiona la pregunta de si el que mató al abuelo llegará a existir, pues se supone que ha suprimido un eslabón (el abuelo) que fue necesario para él (el nieto) poder llegar a existir.

La “paradoja de Dios“ consistiría en que alguien del presente viaje al pasado, al momento de “la creación“ y logre suprimir la existencia del ser llamado Dios: ello ocasionaría la pregunta de si el que mató o suprimió a Dios llegará a existir, pues se supone que ha suprimido el eslabón “primordial“ que fue necesario para dicho viajante o viajero del presente al pasado poder llegar a existir; pero esa paradoja (a diferencia de la paradoja del abuelo) abarca no sólo singularmente a ese viajante, sino a todos los seres humanos. Es decir, que no existiríamos ninguno de los seres humanos que existimos en el presente ni existiría ningún ser humano en el tiempo posterior al tiempo presente. ¡Un peligro enorme!…

…¡Y otra vez el maldito embrollo de qué cosa fue primero: si el huevo o la gallina!…

De manera, pues, que si llegamos a Dios y pretendemos superarlo y lo superamos suprimiéndolo, nosotros seríamos una amenaza tanto para nosotros mismos como para todo el Universo, lo mismo que para otros universos o, lo que es igual, para todo el Multiverso.

¿Pensaron ustedes, señores de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) y el Laboratorio Europeo de Física de Partículas, en ese peligro? ¿Se han detenido a analizar ese peligro?

Esta idea de o sobre ese peligro extremo, radical, que podría parecer extraña, en realidad nada tiene de extraña, por eso no se me borra de la mente y me martilla constantemente, sistemáticamente, el pensamiento y me hace presa de su dominio.

No pongan ustedes en duda que existan locos capaces de querer causar esto que refiero. La Historia de la Humanidad está plagada, repleta, de locos de diversas índoles: genocidas, deicidas, suicidas, largo etcétera.

Ese loco que haga eso, mejor, que cometa eso, sería no sólo un deicida, sino también el más grande suicida (¿y el más grande genocida de todos los tiempos?: Impediría la existencia de los millones de seres humanos que existían al momento mismo de él viajar al pasado a cometer el acto deicida. En otros términos se puede decir que eliminaría a millones de personas). La delectación sádica existe, el afán destructor existe, la locura destructora existe y esa locura destructora se puede colar en una persona cual que fuese su calidad o condición u ocupación: no nos engañemos; de ahí que grandes atrevimientos como los dos que expongo como posibles no son para nada descartables a la luz de que se llegue a la existencia de la tecnología del viaje en el espacio-tiempo.

Dicha idea de suprimir a Dios implica viajar al pasado para acechar a Dios.

El dominio del viaje en el espacio-tiempo al pasado supone que podemos llegar al punto donde y al momento en que fue creado este Universo, es decir, supone que podemos llegar al lugar y al momento mismos en que Dios procedía a crearlo.

¿Cuáles son las consecuencias de llegar hasta ese momento?  Cada vez que se viaje al pasado al momento de la creación de este Universo por Dios estamos ante la posibilidad de que se haga una alteración de esa creación. El hombre estará capturado por el extraño vértigo de superar a Dios suprimiéndolo y  las perspectivas de eso son: ¿indefinidas o, por el contrario, muy definidas?

Creo que en esa mórbida inclinación a suprimir a Dios habría que distinguir dos vertientes: una primera   -la más extrema, la más radical-   de tendencia suicida, aniquiladora, para el género humano que es la ya expuesta de suprimir a Dios al momento mismo de la creación; y una segunda más moderada, de carácter eminentemente pragmático, consistente en pretender suprimir a Dios después de que él realmente haya terminado, completado, la creación, específicamente después de crear a la mujer, a Eva: para que Dios desaparezca, pero  permanezca lo creado; y, entonces, así se anularía el peligro de que desapareciendo Dios también desaparezca la humanidad completa.

Esta sería una inclinación más pragmática de suprimir a Dios puesto que no implicaría la supresión de la creación. Esta sería, pues, la segunda posibilidad o vertiente de la supresión de Dios.

Esto no sería ya solamente acechar a Dios, sino acechar y robarle a Dios, es decir,  sería acechar para matar a Dios y matarlo para robarle a Dios: matarlo para robarle su creación. …Y con esa muerte: también el botín de los secretos tras el muerto…

…Ya otros humanos han matado (o pretendido matar) a Dios: Nietzsche (“¡Dios ha muerto!“); Marx (Dios es una representación ideológica para contribuir a mantener una dominación socio-económica); etcétera.

…Si Lucifer, un ángel  -y su grupo de ángeles-  otrora al servicio de Dios impugnaron la autoridad de Dios para arrebatársela y destronarlo, ¿qué garantiza que el hombre (los hombres) llegado(s) al nivel de conocimientos avanzados, al dominio de tecnologías que le(s) permita realizar actividades expresivas de un altísimo poder, no impugnará(n) también a Dios? ¿Acaso esa impugnación no ha tenido precedentes ya como esa misma de Lucifer de la narrativa bíblica, como las intelectuales de Nietzsche, de Marx, etcétera?

…Si Lucifer y sus huestes hubieran conseguido derrocar a Dios: ¿Cuál hubiese sido el destino de éste? ¿Su muerte?

…Si somos una reproducción de la imagen de Dios como dice La Biblia: ¿Dios es realmente un Mighty o simplemente es un ser  (semejante al hombre) que usa a las ciencias como un hombre usaría a un exoesqueleto tanto para protegerse como para multiplicar sus fuerzas?

…Así, pues, no se ha producido una solución de continuidad en esa labor de impugnación a Dios; y no se producirá tampoco solución de continuidad alguna el día que el hombre logre dominar el viaje en el tiempo, convirtiéndose en amo del viaje al futuro lo mismo que en amo del viaje al pasado.

¿Conducirá esto a un momento parecido a aquel en que se le preguntó al cosmonauta soviético Yuri Gágarin si vio a Dios cuando salió al espacio exterior y aquél respondió que no? Si se quiere caricaturizar todo lo que en esta carta les planteo a ustedes semejante pronóstico sería la salida-respuesta sarcástica de cajón.

En fin, esas dos situaciones expresadas son dos de las situaciones que se pueden derivar de que el hombre pueda alterar el pasado.

En la segunda posibilidad o vertiente de la supresión de Dios  tendríamos como consecuencia la ausencia de esa direccionalidad religiosa que representa la presencia de Dios en nuestra cultura, en nuestras vidas, en nuestras sociedades, con la transmisión y la impregnación de una moral diferente a las del judaísmo y el cristianismo: ¿Cómo evolucionaría la vida humana a partir de esa supresión? ¿Cuál sería la suerte de lo que hoy conocemos como “pueblo judío“? ¿Cuál sería la suerte de lo que hoy conocemos como “el mundo cristiano“? ¿Cómo o en qué se traduciría la extracción de los valores pilares de la piedad y de la caridad que sembraron profusamente el judaísmo y el cristianismo en el mundo occidental? ¿Cómo sería la vida en las sociedades que existiesen en el mundo? ¿Qué pandemónium de religiones, de dioses paganos, de creencias tremendas, de dioses monstruosos y con aspectos sacrificiales igualmente horrorosos   -como los que ya hemos visto en sociedades antiguas en la Historia hasta ahora escrita-,  regirían la vida de sociedades de este planeta?

No sólo a usted, señor Heinz, le horroriza sobremanera el pensar en las consecuencias de que se pueda alterar el pasado.  El horror de pensar en eso también a mí me hiela la sangre: aquí tienen, pues, ustedes esos dos puntos obscuros concretos que yo particularmente creo ver podrían materializarse si algún día se logra esa meta final de que el hombre pueda viajar en el espacio-tiempo. Sólo he oteado ese espanto de esas dos posibilidades ominosas de semejantes proyectos espantosos. La enorme dosis de aprehensión, de horror, que tales eventuales atrevimientos siniestros me causan es porque creo que ellos pueden tornarse en algo tristemente real. El atrevimiento a lo impensable es una posibilidad con la que vive el ser humano: ese atrevimiento a lo impensable es dable, se puede materializar, y lo que puede resultar de esos atrevimientos a los que me refiero son horrores inconjeturables, literales horrores monstruosos que resultan paralizantes.

Atte.,

Francisco Gordián Castro

Profesor de Filosofía de la Escuela Secundaria Carlos Finlay

y Profesor de Lógica en el Colegio Preparatorio de la Universidad Nueva Era de Madrid; calle Isabel I No. 67, Apto No. 501, Urbanización Los Prados, Madrid, España.“

Por Gregory Castellanos Ruano

Comenta

Apple Store Google Play
Continuar