La página no abierta

Por Gregory Castellanos Ruano

Cualquiera totalmente ajeno a lo que acontece en el Colegio de Abogados podría pensar que este se puede escudriñar como una página abierta.

Pero por oposición a una página abierta el caso es que el Colegio de Abogados es una página no abierta al escrutinio público. De lo que se trata es de mantener “alejados a los curiosos“ que encuentran contradicciones en los amagos de supuestas rendiciones de cuentas parciales y que ahí mismo, en esos amagos, encuentran “curiosidades“ sorprendentes que algunos no quieren que se aireen públicamente.

No se trata de algo trivial, hablamos de un asunto demasiado delicado como para que el presidente del Colegio de Abogados, Miguel Alberto Surún Hernández, lo trate con la demasiada libertad para sí con que él ha pretendido tratarlo.

El sabe que si esa página se abre se trataría de la página abierta de su historia, que la visión con claridad de la misma sería espantosa y dejaría tan helado como una piedra que alguien tenga a sus pies; que si se revelan esas interioridades, que si se intenta explicarlas, todo se desmoronaría y al mismo tiempo produciría un abatimiento y dejaría, sobre todo, estupefacto al descorrerse la ceguera de un público abogadil que hasta entonces se había mantenido ajeno porque le había ignorado por desconocer esas interioridades; que las piezas irían encajando, que algo obscuramente siniestro y nada apropiado, que una deformidad se revelaría, que la verdad vívida y monstruosa que había esperado tanto tiempo brotar brotaría incontenible y que ese brote le arrastraría a profundidades de donde nadie, absolutamente nadie, podría rescatarle ni existiría siquiera la intención de hacerlo.

Esa página no abierta, por el velo que la cubre, pretende invisibilizar el capítulo obscuro que se ha escrito en el Colegio de Abogados. Pero, a pesar del grueso velo de la negativa a realmente dejarse auditar, ya casi todo ha caído donde tenía que caer y ese casi todo lo incluye a él. Esos caracteres que él ha escrito ahí se han comenzado a desvelar a través de esos descubrimientos del contenido real de lo poco que él ha permitido que trascienda, y aún con el maquillaje por él usado han sido causa de sorpresas, por ello no quiere arriesgarse a que los asuntos sean mayores.

En vez de una página abierta, él prefiere la página no abierta… Porque la historia que él ha escrito desde ahí es una historia desastrosa y, por ende, si se levanta el velo a plenitud para leer la página, de esta sólo brotarán el retrato de una época obscura con rasgos inquietantes: brotaría la historia de un lugar siniestro donde han ocurrido hechos inexplicables. Por ello se comporta irracionalmente, dando tumbos, diciendo un día una cosa y otro día otra cosa, bajo la creencia errada de que todos se tragarán sus contradicciones y sus fútiles subterfugios.
Como supuesto gremialista (de lo cual se ha querido disfrazar) ha fracasado, con la máxima exactitud, en todo lo que tenía que fracasar. Ahí no hay nada, ningún servicio a su membresía, por lo cual se pueda decir que eso es realmente un gremio. ¡Ningún servicio a su membresía! Eso lo dice todo.

Hasta la Cámara de Cuentas ha querido que él rinda cuentas y él se niega a rendir cuentas, en su desesperación ha simulado estar dispuesto a rendir cuentas pero dice que“ bajo condiciones“, sus condiciones…Las mismas que le permiten mantener la página cerrada…
El caso de la investigación de la Cámara de Cuentas al manejo de los fondos públicos por el Colegio de Abogados tal parece que lo cerró –mejor dicho: que se lo auto cerró– el presidente del Colegio de Abogados. Es lo que hay que pensar frente a la dejadez extraña de la Procuraduría General de la República y de la PEPCA, a las cuales la Cámara de Cuentas les solicitó la fuerza pública y de aquellas dos lo que se aprecia es que aún les quedan reservas de hipocresía para fingir, reservas que parecen tan abundantes como las del mismo presidente del Colegio de Abogados.

Todo ello se debe, en un insulto a la inteligencia ajena, a que el presidente del Colegio de Abogados se cree y considera que ni la Cámara de Cuentas ni el Ministerio Público tienen derecho a investigar sus actuaciones al frente del Colegio de Abogados, y esas instituciones le hacen el juego, pues parecería que no hay en el Ministerio Público alguien con consciencia de su cargo y a la altura de este que le haga ver que tanto la Cámara de Cuentas como el Ministerio Público Público sí tienen derecho a investigar sus actuaciones al frente del Colegio de Abogados.

Hace bastante tiempo atrás el literato venezolano Arturo Uslar Pietri acuñó una expresión con la que radiografió el mal que estaba aquejando entonces a la sociedad venezolana. Habló de Los Pendejos y convocó a “La marcha de los pendejos“ contra esa realidad social.
Ante el espectáculo precedentemente aludido, aquí en la República Dominicana se puede hablar de que una gran capa de los abogados dominicanos pueden ser llamados “Los pendejos de La Nueva Ola“.

En fin, de lo que se trata el asunto es de que hay alguien que no quiere ser expuesto porque exponerse entrañaría un cierto riesgo.
Allí están los hechos. La carne está en el estado que les gusta a los animales de carroña y carcomida. Por eso hay que dejar la página en situación de no abierta, hacerla inaccesible, velar porque no pueda ser vista.

Por Lic. Gregory Castellanos Ruano

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