La Otra Orilla: Miopía Política

Por Alberto J. Ramírez Moreno viernes 27 de enero, 2017

En su clásico ensayo del 1960, Miopía del Marketing, Theodore Levitt explica como el crecimiento de una empresa depende del énfasis que se haga en lograr la satisfacción de los clientes por encima de la venta de los productos. En uno de sus ejemplos, describe el caso de Hollywood y la televisión. Hollywood erróneamente se definió como negocio de películas cuando en realidad debió definirse como negocio de entretenimiento. Al llegar la televisión, Hollywood trató de hundirla y la veía como su competencia cuando en realidad era una gran oportunidad para expandir su mercado. Esta miopía casi hunde este emporio de cine y sirvió de recordatorio sobre los peligros por la falta de visión.

Ahora bien, ¿sabía usted que el Estadio Quisqueya tiene capacidad para 25,090 personas (cuando de un concierto se trata)? Imagínese esa espectacular toma aérea: miles de personas rebozando el estadio con energía, mientras cantan sus canciones favoritas. Tremenda experiencia, ¿no? Ahora, visualice el triple de personas, léase 75,270 personas, marchando en hermandad por la Avenida 27 de Febrero, coreando: “El pueblo unido, jamás será vencido.” Eso precisamente fue lo que viví y de lo que fui parte el pasado 22 de enero, en la Marcha en Contra de la Impunidad.

Tratar de denigrar a miles de dominicanos con heces verbales y hacerse de la vista gorda no alterará el impacto histórico de dicha marcha, no borrará las fotos ni los videos que quedaron como evidencia en el internet, ni hundirá los ánimos de miles de ciudadanos como yo, que se dieron cuenta que no están solos en su angustia. Intentar difamar a los asistentes por la presencia de uno que otro oportunista, con historiales dudosos, es una falta de respeto a los que sacrificamos la mañana de nuestro domingo para decir, ya está bueno. Y cabe recalcar que como bien dijo el senador Reynaldo Pared Pérez, la marcha no fue contra el PLD, ni contra el Gobierno, sino en contra de la impunidad y el cese de la corrupción. Un objetivo que debería ser prioridad de todo ciudadano – independientemente de sus afinidades políticas.

Si usted es de los que ha intercambiado su cabeza (como temía el Profesor Juan Bosch en La Mancha Indeleble) por un poco de confort, temo decirle que quizás ha pagado un precio demasiado elevado (claro que depende de lo que había dentro de su cabeza). Y si usted es de los que ve el clamor del pueblo como una amenaza para sí mismo y su fábrica, en vez de una oportunidad para crecer y aportar más, quizás usted, igual que Hollywood, está sufriendo de una miopía… pero de una miopía política.

Por Alberto J. Ramírez Moreno