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La otra orilla: miopía política

Por Alberto J. Ramírez Moreno Lunes 30 de Enero, 2017

En su clásico ensayo del 1960, Miopía del Marketing, Theodore Levittexplica como el crecimiento de una empresa depende del énfasis que se haga enlograr la satisfacción de los clientespor encima de la venta de los productos. En uno de sus ejemplos, describe el caso de Hollywood y la televisión. Hollywood erróneamente se definió como negociode películas cuando en realidad debió definirse como negocio deentretenimiento. Al llegar la televisión, Hollywood trató de hundirla y la veíacomo su competencia cuando en realidad era una gran oportunidad para expandirsu mercado.

Esta miopía casi hunde este emporio de cine y sirvió derecordatorio sobre los peligros por la falta de visión. Ahora bien, ¿sabía usted que el EstadioQuisqueya tiene capacidad para 25,090 personas (cuando de un concierto setrata)? Imagínese esa espectacular toma aérea: miles de personas rebozando elestadio con energía, mientras cantan sus canciones favoritas. Tremenda experiencia,¿no? Ahora, visualice el triple de personas, léase 75,270 personas, marchandoen hermandad por la Avenida 27 de Febrero, coreando: “El pueblo unido, jamás será vencido.” Eso precisamente fue lo queviví y de lo que fui parte el pasado 22 de enero, en la Marcha en Contra de laImpunidad.

Tratar de denigrar a miles de dominicanos conheces verbales y hacerse de la vista gorda no alterará el impacto histórico dedicha marcha, no borrará las fotos ni los videos que quedaron como evidencia enel internet, ni hundirá los ánimos de miles de ciudadanos como yo, que sedieron cuenta que no están solos en su angustia. Intentar difamar a losasistentes por la presencia de uno que otro oportunista, con historialesdudosos, es una falta de respeto a los que sacrificamos la mañana de nuestrodomingo para decir, ya está bueno. Y cabe recalcar que como bien dijo elsenador Reynaldo Pared Pérez, la marcha no fue contra el PLD, ni contra elGobierno, sino en contra de la impunidad y el cese de la corrupción. Unobjetivo que debería ser prioridad de todo ciudadano – independientemente desus afinidades políticas.

Si usted es de los que ha intercambiado sucabeza (como temía el Profesor Juan Bosch en La Mancha Indeleble) por un pocode confort, temo decirle que quizás ha pagado un precio demasiado elevado(claro que depende de lo que había dentro de su cabeza). Y si usted es de losque ve el clamor del pueblo como una amenaza para sí mismo y su fábrica, en vezde una oportunidad para crecer y aportar más, quizás usted, igual queHollywood, está sufriendo de una miopía… pero de una miopía política.