La Otra Orilla: Las Llamas de la Censura

Por Alberto J. Ramírez Moreno martes 21 de febrero, 2017

Aquel día cayó miércoles, y aproximadamente unas 40,000 personas se habían reunido en Berlín para escuchar al ministro de propaganda, Joseph Goebbels, pronunciar la muerte del intelectualismo judío y toda literatura que representara una oposición para el régimen Nazi. Ese día, mayo 10 del 1933, Goebells endosó a los estudiantes el deber de limpiar los escombros del pasado y por toda Alemania inició la gran incineración de libros. Tirados uno a uno dentro de una gran fogata, las palabras de Einstein, Freud, Hemingway, Huxley, Wells, entre cientos de otros autores, servirían de alimento a las llamas de la censura.

La censura es un juego peligroso y como bien dijo el senador estadounidense John McCain (R-Ariz), el pasado domingo, así es que empiezan las dictaduras: primero se censura la prensa y luego no hay quién detenga ese monstruo. Estos comentarios surgieron a raíz del ataque feroz que ha lanzado el presidente de Estados Unidos, Donald Trump en contra de la prensa, declarándola fraudulenta y enemiga del pueblo americano. Y si bien es cierto que otros presidentes en el pasado han dejado saber su desprecio por la prensa, este caso de Trump es sin precedentes.

Una prensa libre de censura es clave para una democracia real, sin importar que las noticias exijan transparencia a las autoridades gubernamentales. Sin una prensa libre de censura perderíamos nuestros derechos individuales de libertad y expresión; estaríamos a merced de la avaricia de cualquiera con poder que quisiera hacer de las suyas. La mejor respuesta a un discurso opositor no es la censura sino el diálogo.

Ahora bien, ¿Qué dice todo esto de nuestra pequeña media isla? En la que seguimos siendo testigos de los vestigios del trujillismo y del balaguerismo. Donde hay que hablar con cuidado, y fingir ignorancia ante secretos a voces. Me pregunto finalmente, cuál será el catalizador que haga despertar la conciencia colectiva de nuestro pueblo para que por fin entendamos, que el silencio es cómplice de la censura y al final, sus llamas nos queman a todos.

 

 

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