La oración: intrincada temática que debe trascender lo convencional religioso al ser tocada

Por Rolando Fernández lunes 16 de enero, 2017

Hojeando uno de los medios de la prensa local, edición del 7-1-17, periódico “HOY”, nos encontramos con un trabajo intitulado: “La oración que Dios no escucha”, bajo la firma de Samuel Santana, sobre el que reparamos con interés marcado.

Es un artículo que, por la sencillez con que fue abordado su contenido, debió llamar poderosamente la atención a todo lector que haya investigado sobre la espiritualidad – esotérica, y los aspectos directos concernientes a la evolución de la especie humana sobre el planeta Tierra. Entre tales buscadores nos incluimos nosotros.

Para todos aquellos que han tratado de hollar senderos tan intrincados como ese asunto de la oración religiosa-espiritual, contestada, o no; elevar una plegaria al Padre en los Cielos, a los fines de recibir ayuda para solucionar situaciones adversas que se presenten durante las corrientes de vida que se cursen, no es tan sencillo como parece convencionalmente, aun se hayan soportado las aseveraciones, creencias, y consideraciones expuestas, etc., en el trabajo de referencia, con algunos versículos bíblicos aludidos en el mismo.

Eso de que Dios escucha solo las oraciones de algunos (los justos), no así las de los impíos (se mantiene alejado), cuando todos somos sus hijos, y estamos representándole, como expresándole, bajo corrientes terrenales de vida prediseñadas, según las misiones divinas encomendadas, como la porción del karma maduro puesta sobre los hombros de cada cual, para conquistar durante el tiempo cronológico cronometrado, no nos parece muy asimilable.

Se parece tal cosa, a lo del infierno, que se han encargado de inculcar las religiones convencionales a los incautos, o gente de poca gnosis. ¡Dios no va a quemar a ninguno de sus hijos, aun lo malo que parezcan! Esperará siempre por su regreso definitivo hasta Él

Al margen de todo cuánto relativo pueda aparecer en la Sagrada Biblia, siempre sujeto a interpretaciones variadas, y con posibles errores de traducción, por los diferentes idiomas en que ha sido escrita, creemos que las respuestas, o no, a las oraciones que al Supremo se puedan elevar, están íntimamente ligadas al marco evolutivo espiritual a cargo de la humanidad que se esté cursando, a través del Santo Cristo Propio en cada cual – Cristado: Conciencia del Padre lograda.

Dios oye todas las oraciones, y nunca se equivoca, en términos de responder o no. Puede hacerlo a través de sus ayudantes ángeles y arcángeles, etc. Es Él quien sabe cuándo procede una cosa o la otra, supeditada a lo que más convenga en el orden evolutivo espiritual a cargo de los hombres (general).

A veces creemos, que es malo lo que nos ocurre, cuando en realidad no es así, visto el contexto de la verdadera esencia de los humanos – espiritual. En consecuencia, se responderá o no, a la plegaria de que se trate.

Lo que nos sucede siempre tiene que pasar, y está sujeto a la Ley de Causa y Efecto. Nada nos llega por accidente o casualidad. De ordinario se reportan sucesos o situaciones difíciles como piedras punitivas en el camino que debemos derribar, y que el Padre Supremo no los va a impedir. Él es anuente a sus ocurrencias, por lo positivo que resultan para continuar evolucionando.

Eso de que se considere “como una oración vana aquella que se hace permaneciendo en el pecado y sin el deseo de obedecer a la voluntad del Señor”. “Que desgraciadamente esta es la causa o razón por la cual muchas plegarias quedan sin respuestas dentro de las iglesias y las grandes religiones del mundo”, no nos parece la concepción más correcta, ya que hay demasiada subjetividad en la misma.

Y es que, no creemos que nadie sobre el planeta Tierra pueda saber cuándo en realidad se está en pecado, – “errar en el blanco”, según la traducción griega del término -, algo que entendemos el no actuar aceptando el prediseño de la corriente de vida que se esté cursando; o, no se tiene el deseo de obedecer la voluntad del Señor, que ningún mortal puede conocer de antemano.

¡Dios siempre tiene la razón! Y, a nosotros solo nos queda el observar debidamente la Ley de Causa y Efecto; dejar pasar, conformes, cuánto nos llegue; como, clamar al Padre en los Cielos, tal lo hizo el amado Maestro Jesús, ¡qué no se haga nuestra voluntad, sino la de Él.