La Oposición como La Santísima Trinidad

Por Elvis Valoy miércoles 15 de marzo, 2017

Es innegable de que toda la ciudadanía está conteste en la lucha contra la corrupción y la impunidad. Nadie en su sano juicio se opondría a la eliminación de un cáncer, que puede llegar a destruir instituciones.

Dentro de ese concierto de voluntades personales opuestas al flagelo del cohecho, se destacan los grandes esfuerzos que realiza el presidente Danilo Medina, quien ha mantenido una política que en todo momento busca la transparencia de su gobierno.

El mandatario ha sido consistente en su credo de moralidad pública y diafanidad, el cual funciona como un norte en la vida de Medina.

El presidente ha llegado al extremo de hasta arengar personalmente a los funcionarios del gobierno para que se manejen con apego a la ética, y rindan cuentas a la población de su accionar en las instituciones estatales, como ocurrió en la última reunión del Sistema de Monitoreo y Medición de la Gestión Pública, celebrada en el Palacio Nacional.

Sin embargo, la doble moral reinante en la política dominicana deviene indefectiblemente en una inversión de valores horripilante que desnaturaliza el combate a la corrupción. La aberración comenzó luego de la humillante derrota que sufrió la oposición en las pasadas elecciones, que la ha hecho asumir posiciones aventureras y ultra radicales, poniendo en peligro la democracia dominicana.

 

La abrumadora victoria alcanzada el pasado mayo por el presidente Danilo Medina ha generado un resquemor dentro de la variopinta oposición, demostrando su incapacidad para aceptar la derrota, y resentidos y resacados, buscan afanosamente vías non santa para la retaliación política.

Raudos y solitarios como la liebre que persigue a su pareja, le ha caído como anillo al dedo a los grupos opositores “las animadas” marchas verdes, en donde parecen ver posibilidades para sus planes sediciosos.

Como remedo del señor septuagenario, que anhela fervorosamente acomodarse en el regazo de una piel de 20 años que lo rejuvenezca, asimismo es la estrategia de la oposición, que se esconde tras las bambalinas de la mocedad de los marchistas, para desde allí aprovechar cualquier momento que pueda propinar la puñalada trapera que haga desangrar y morir a la nación.

La oposición parece actuar en una comedia teatral de muy mal gusto, la cual se asemeja a la de los textos sagrados, en donde se menciona a las Tres Divinas Personas o la Santísima Trinidad, en la que el padre es Dios, el hijo es Dios, y el espíritu santo también es Dios.

O de manera abierta, o aún solapada, la mayoría de las personas que constituyen los actuales movimientos en contra de la impunidad pertenecen a organizaciones que terciaron en las pasadas elecciones y fueron derrotadas estrepitosamente.

Sin la imagen acrisolada y pura de la Santísima Trinidad, pues casi la totalidad de esta gente anti gobiernista tiene mácula y hasta expedientes por corrupción, la oposición hace malabares y meneos sigilosos, todo como estratagema para ocultar sus perceptibles huellas en las marchas de las camisetas verdes.

“Te conozco bacalao, aunque venga disfrazado”, dice un viejo adagio que perfectamente le cabe a estas desgastadas figuras de la política que se esconden sin dar la cara, y que la lucha en contra de la impunidad no es más que un motivo para tratar de buscar por senderos no institucionales, lo que el pueblo le negó en la pasada contienda electoral.

 

 

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