La ONU debe gestionar solución a la crisis haitiana

Por Juan López

La muy agravante crisis económica, social, política y sanitaria por la que, desde hace décadas, atraviesa la vecina república de Haití refleja que ya “tocó fondo” y que sus pobladores han evidenciado carecer de capacidad y voluntad políticas para, por sí solos,  resolverla en forma pacífica y democrática.

Posiblemente, y sin proponérselo, los haitianos se han convertido en un “verdadero y preocupante dolor de cabeza” para América Latina, y particularmente  para la región del Caribe y la R. Dominicana.

La recurrente y masiva migración haitiana a diferentes países está encontrando fuertes resistencias en Brasil, Chile, Argentina, Panamá, Perú, Costa Rica, Colombia, México y la más denigrante  y reciente deportación de los EE.UU. Mientras tanto, su actual “gobernante”, el primer ministro Ariel Henry,  desvergonzadamente, pretendió justificar esa pesarosa situación  cuando, ante la 76ª Asamblea General de la ONU, dijo:

“…Los migrantes haitianos seguirán intentando llegar a países más prósperos a pesar de las inquietantes imágenes de haitianos detenidos a su llegada a EE.UU. Las migraciones continuarán mientras haya áreas de prosperidad en nuestro planeta al tiempo que la mayor parte de la población mundial vive en una precariedad a veces extrema, sin perspectivas de una vida mejor”.

Como “gasolina para apagar el fuego” se interpretan el aumento de la miseria en el país más pobre del hemisferio occidental, el creciente desempleo, la carestía de productos alimenticios con galopante inflación, miles de muertos, damnificados y otros daños colaterales que dejó el último terremoto y la tormenta Grace, así como la impunidad ante el vil magnicidio del presidente Jovenel Moise

También la evidente ausencia de institucionalidad, el cierre del Congreso Nacional desde hace dos años, el control de varias zonas del país que ostentan nueve bandas armadas y criminales, la incapacidad de realizar unas elecciones concurridas, democráticas y transparentes para elegir sus autoridades, lo cual se erige como un peligro para la región.

Hasta ahora, declaraciones mediáticas de solidaridad con Haití e inacción son las principales características de la comunidad internacional, lo cual  le da sustentación al apremiante clamor del presidente Abinader ante la pasada Asamblea General de la ONU:

“Estamos convencidos que ninguna acción unilateral será suficiente para superar la dramática situación haitiana.
“Es imperativo manifestar de la manera más firme y tajante posible que la comunidad internacional no debe, ni puede, abandonar al pueblo haitiano en este momento en que los niveles de inseguridad lo están llevando a su autodestrucción.

“Ante la división actual que existe entre el liderazgo, …los haitianos por sí solos no podrán pacificar su país y mucho menos garantizar las condiciones para establecer un mínimo de orden.”

“De ahí, la necesidad de que esta comunidad de naciones asuma con urgencia y de una vez y por todas, la crisis haitiana como una altísima prioridad y de permanente seguimiento.”

Aun cuando reconocemos el legítimo derecho a la autodeterminación y libre albedrío de los pueblos; sin embargo, guiado por auténtica  solidaridad humana y sanas intenciones en la búsqueda de soluciones a la agravante crisis haitiana, nos atrevemos a reiterar  esta sugerencia:

Que el Consejo de Seguridad de la ONU sea convocado de urgencia para abordar la problemática haitiana y que en esa sesión se apruebe gestionar un consenso con el liderazgo político, empresarial y de organizaciones de la sociedad a los fines de implementar un fideicomiso por dos o tres años para que la ONU un equipo de técnicos pueda administrar el gobierno haitiano, con la colaboración económica del BID, Banco Mundial, FMI, EE.UU. Canadá  y la Unión Europea.

Así, y sólo así, se podría superar la histórica y agravante crisis de Haití y conseguir que los haitianos visualicen un nuevo y mejor horizonte que les garantice la convivencia pacífica, democrática, justicia social y mejor calidad de vida que se merecen. ¡Ojala así ocurra!

 

Por Juan López

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