La obsesión de Leonel

Por Enrique Alberto Mota martes 29 de octubre, 2019

De la misma manera que del frote de un palo con madera seca surge el fuego, que proporciona luz y calor, ambos factores indispensables para la vida humana, las confrontaciones en el circo político del  país han servido para conocer las  motivaciones reales de algunos de sus principales actores.

Y es que  la verdad siempre sale a relucir, aunque esos actores se escuden detrás de rimbombantes frases que pretenden reflejar sentimientos patrióticos de dudosa autenticidad, tal como utilizaban máscaras los griegos de la antigüedad para parecerse a los personajes que representaban en una obra de teatro.

Amparándose en denuncias de fraude que nunca han sido probadas, cuyos autores habrían sido personas de las más variadas nacionalidades y utilizando métodos propios de las novelas policíacas de la famosa autora Agatha Christie o del mago del  terror Alfred Hitchcock, el expresidente Leonel Fernández justificó su partida del Partido de la Liberación Dominicana, que lo llevó al poder por tres períodos presidenciales, y su propósito innegociable de sacar a esa organización política del poder.

Sin perder tiempo, ha formalizado alianzas con fuerzas políticas, muchas de ellas también surgidas de la división y el secuestro de partidos, lideradas por variopintos personajes que van desde jevitos hasta avezados políticos y prósperos empresarios, con algunos de los cuales el exgobernante había sostenido enconadas diferencias de puntos de vista sobre aspectos vitales de la vida nacional, por llamarlas de una forma eufemística.

En buen dominicano, se han rubricado alianzas de macos con cacatas o, si se quiere, de los mansos con los cimarrones (aunque ahí no hay muchos mansos), que mantienen—o mantenían—posiciones que parecían irreconciliables y que en ocasiones anteriores se dispensaron entre sí toda suerte de epítetos que hacían pensar que era prácticamente imposible algún tipo de unión entre ellos.

Esto ha dejado al desnudo que la verdadera razón, la bujía de este comportamiento del expresidente Fernández es su obsesiva ambición de poder y su rechazo tajante a admitir que alguien como el presidente Danilo Medina, a quien solo considero por mucho tiempo—con cierto desdén–como su simple colaborador, haya alcanzado o sobrepasado su mismo nivel como líder político o gobernante, y a que alguno de los seguidores lo suceda en la Presidencia,

Si alguien ha llegado a tanto por tan dudosa motivación, imaginémonos lo que sería un país, que necesita de consenso y armonía para su desarrollo como el nuestro, gobernado por una persona que abjuró a los principios y lealtades que alegadamente normaron por décadas su vida pública y privada, con tal de satisfacer un sentimiento mezquino y una desmedida ambición de poder.

A eso agréguele que algunos de sus acompañantes de oportunidad también se han caracterizado por ser magos de la división y han convertido sus respectivas organizaciones políticas en partidos de uso personal.

Por Enrique–Tuto–Mota

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