La nómina de delegados

Por Daygorod Fabián Sánchez

Rara vez las elites de los partidos se quieren someter al escrutinio de las bases, el balance de su gestión. Esto se debe a que la metamorfosis de la que fueron objeto los convirtió en irreconocibles en su comportamiento.

De ahí que se insista en buscar vías de entendimiento poco democráticas, acuerdos de aposentos y pactos subrepticios que tiene por finalidad única preservar el estado de privilegios a costa de las conquistas democráticas.

Las convenciones de delegados, cuando un partido está en el poder, no son más que una concurrencia de empleados, mandaderos y genuflexos que por mantener un estado temporal ventajoso con respecto a los demás ciudadanos echan al zafacón los criterios democráticos.

La participación a través del sufragio directo, universal y secreto es la mejor conquista para mediante ese mecanismo poder expresar o pasar balance al comportamiento de quienes dirigen los partidos.

Conculcar ese derecho equivale a tener un criterio autoritario de la política. Ese comportamiento es entendible en los dinosaurios y viejos exponentes, que se acostumbraron a obtener puestos por antigüedad en el servicio y sin ningún esfuerzo. Pero en el caso del PRM ha quedado evidenciado que la modernidad no es un concepto asociado a la edad, sino al pensamiento.

Me apena ver a muchos jóvenes, con un futuro político promisorio, pero obstaculizado en el presente por su postura sin sentido, apoyar una convención de delegados (Nómina de Delegados).

La intención es que en el PRM unos 2,500 decidan sobre más de millón y medio de militantes inscritos.

No hay excusa valedera. Los principales argumentos que se esgrimen solo evidencian que los librepensadores están encarcelados en el afán de no responder a posturas sumisas sino a los ideales democráticos.

Por Daygorod Fabián Sánchez

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