“La Necropolítica Retórica del Siglo XXI”

Por Manuel Cruz domingo 11 de agosto, 2019

Millones de personas en todo el mundo que creyeron en la estratagema de que Donald Trump no era un representante del establishment de EE.UU., constantemente se preguntan. ¿Por qué el presidente tiene esa persecución tan feroz contra los inmigrantes? Quienes no encuentran respuesta a esa interrogante se conforman con sindicarlo como un xenófobo, ultraderechista y un fascista del siglo XXI.

Sin embargo, todos olvidan o ignoran que en un Estado cuya política exterior está fundamentada en la mística y anacrónica idea de un destino manifiesto; sus presidentes no son otra cosa que inquilinos de renombres con funciones predefinidas.

Las Teorías de la Muerte. 

A pesar de que los editores de la historia y ganadores de la Segunda Guerra Mundial han colocado a Hitler como la máxima representación de la maldad; por sus delirios de grandeza y su execrable persecución contra los judíos. Lo cierto es, que la estigmatización de personas como seres inferiores y enemigos viene desde que los romanos bautizaron a los cartagineses como barbaros.

Empero, lo que resulta paradójico y sintomático es que la misma nación que se autodenominó como el paladín y gendarme global de la democracia, hoy sea en pleno siglo XXI el mismo Estado encabezado por su presidente que esté reviviendo las leyes de Jim Crow.

 

En efecto, hoy la amenaza más importante que tiene el mundo no son las armas nucleares; sino, la articulación persuasiva como arma de la retórica política la doctrina de la Necropolítica del filósofo y cientista político africano Achille Mbembe, sustentada “en la política y la capacidad de decidir quién puede vivir y quién debe morir”.  La misma no es otra cosa que la actualización y ampliación del Biopoder del filósofo francés Michel Foucault. Y, un homenaje póstumo a uno de los cerebros más atiborrados del todo el siglo XX y genio del mal; el legendario Samuel Huntington y sus teorías sobre el Choque de la Civilizaciones y el Enemigo en Casa.

El Gran Negocio de las Armas.

Esa xenofobia y racismo selectivo que solo incluye a hispanos, musulmanes y afroamericanos hoy no solo tiene que ver con la supremacía blanca de Frank Baum ni con la Ley de Naturalización de 1790. También, está matizada por la necesidad de estereotipar y sindicar como enemigos inminentes a diferentes segmentos en el mundo; toda vez que, de ese despliegue de odio, racismo y supremacía chauvinista se alimentan las dos industrias más poderosas del mundo; la armamentística y la farmacéutica. Y, el discurso político de la paz y la lucha contra las supuestas amenazas encontrará aquiescencia en las emociones desmedidas de los electores.

 

Por tal razón, las ventas de armas han crecido un 13% cada año desde que llegó Trump a la Casa Blanca cerrando el 2018 con ventas por valor de 192,300 millones de dólares. Por eso, el Instituto de Investigación de la Paz de Estocolmo dice que cada año se venden más de 700,000 millones de dólares en armas. Por ello, no es casualidad que solo en lo que va de año más de 250 personas hayan perdido la vida en EE.UU. con el terrorismo doméstico. Tampoco es fortuito que de las 10 empresas que más armas venden en el mundo 7 sean estadounidense. Y, mucho menos, que éstas son las que más contribuyen en las campañas electorales. Con el agravante, de que las guerras mueven más de 4.75 billones cada año.

Desplegando Odio. 

 

Hoy que no existe el opíparo de odio contra el comunismo ni la persecución contra los antiguos amigos del tío sam como Osama bin Laden, Gadafi, Sadam Huseín etc. El ultranacionalismo, la xenofobia, el racismo y la supuesta lucha contra el terrorismo y el narcotráfico son las armas perfectas para persuadir a los electores en países donde los avances de la tecnología y el auge de la sociedad líquida; han profundizado la individualización y división de los ciudadanos. A tal punto que Trump, Netanyahu, Salman, Duterte, Wilders, Johnson, Bolsonaro y muchos otros; ya son líderes consolidados.

 

Dentro de ese contexto, el odio y la Necropolítica tienen tanta presencia y vigencia en el mundo que para que en la Segunda Guerra Mundial murieran 50 millones de personas se necesitaron a tres genocidas como Hitler, Hirohito y Truman junto con la detonación de dos bombas nucleares. Sin embargo, después de esa conflagración en el supuesto imperio de la democracia sin los tres genocidas, sin detonar ninguna otra bomba atómica y sin otra guerra de tal magnitud se han asesinado a 33 millones de personas más; 28 millones de ellas, con armas cortas. Eso significa, que como dice Noam Chomsky “los señalados como no personas, son los que dan buena vida aquellos que dominan el mundo”.

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