La miseria humana

Por Lorenny Solano jueves 19 de enero, 2017

Vergüenza, indignación, rabia e impotencia son los sentimientos que brotan de miles de dominicanos desde que se enteraron de la decisión que tomara el chofer del asesinado ex rector de la UASD Mateo Aquino Febrillet, de retirar la querella de intento de homicidio interpuesta contra el sindicalista Blas Peralta y sus acompañantes.

Llama a curiosidad que hace solo siete días el ex aspirante a diputado del PRM en San Cristóbal Edward Montás, por quien se inició la discusión en la que resultó muerto Aquino Febrillet también haya desestimado su querella de este caso supuestamente porque estaba afectando la estabilidad emocional de su familia.

Joel Antonio Soriano Ramírez está demostrando que no tiene lealtad ni sed de justicia para quien fuera su jefe, pero sobre todo deja entrever que hay algo debajo de la mesa que lo lleva a tomar tan seria decisión. Puede ser chantaje, amenaza o algún soborno para que se desligue del caso, pero sabemos que algo lo hizo cambiar de parecer.

Los dominicanos así lo vemos y lamentablemente es la única lectura que se le puede dar a este accionar. Ahora la responsabilidad de que el caso se mantenga y se logre la sentencia correspondiente es del Ministerio Público y la justicia dominicana, que lamentablemente está tan ciega que ni aunque tuvieran la confesión misma de Blas Peralta fuera suficiente para condenarlo.

Cómo le explica este chofer a la sociedad y a la justicia dominicana su decisión de retirar la querella contra el grupo de delincuentes que los atacó en marzo del año pasado, cómo le creemos cuando fue un hecho que conmovió a toda la sociedad por la forma tan estúpida en la que le quitaron la vida a un hombre de bien que intentaba conciliar entre dos personas que discutían por sus diferencias.

Sería interesante que en estos casos el Ministerio Público revise e indague en las cuentas bancarias de estas personas a ver si hay algún cambio significativo, o en su nivel de vida posterior, porque siempre quedan rastros que delatan a quienes reciben algún soborno y el soborno también es un delito por el que pueden ser procesados.

Independientemente de todo lo planteado el asesinato de Aquino Febrillet no puede quedar impune aunque ese chofer traidor y el ex aspirante a diputado hayan retirado sus querellas. Hay que recordar el video donde se ve la persecución y la balacera, están los testimonios de ellos mismos antes de desistir del caso, están las pruebas de balística que demuestran que fue el arma del sindicalista de donde salió la bala que segó la vida del ex rector, las contradicciones del mismo Blas Peralta, entre otros importantes elementos que la fiscalía tiene en su poder y que exigimos como sociedad que sean utilizados y se castigue con todo el peso de la ley a este asesino y sus cómplices.

Pero tampoco podemos albergar muchas esperanzas en torno al desenlace de este caso, pues la justicia es tan fácil de burlar por parte de quienes conocen sus trucos justamente para librarse de recibir una condena. Para muestra un botón, el caso de otro empresario del transporte que lleva un proceso judicial es el ex regidor de Pedro Brand y ex presidente de la Unión Nacional de Trabajadores Afines (UNATRAFIN) Arsenio Quevedo, que está acusado de varios cargos entre los que figuran integrar una banda de sicarios que asesinaba choferes del sector público y ser miembro de una red de lavado de activos para la venta del combustible que subsidiaba el Estado a Unatrafin.

Han transcurrido 17 audiencias y el juicio preliminar contra Quevedo y el ex regidor Ericson de los Santos Solís, Danilo Octavio Reynoso y Amauris Martínez aun no inicia. Y las razones del reenvío de estas audiencias es la misma que las del caso de Febrillet, prácticas desleales para dilatar el proceso, falta de abogados, enfermedad, abandono de la defensa, falta de tiempo para llegar a acuerdos, entre otras muchas excusas que lo único que hacen es retrasar la labor de la justicia y que pueden hacer que el caso perima y se caiga.

Así está nuestra justicia, ese es el ejemplo que se le lleva a la sociedad y a las posteriores generaciones que están por venir.

 

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