La mascarilla es un amor, pero ¡me quilla!

Por Venecia Joaquín

A raíz de la llegada de la pandemia del Coronavirus, se han tomado muchas medidas para erradicarlo, controlarlo y evitar la contaminación. Dentro de ellas, pruebas de EPS, vacunas, evitar aglomeración, actividades virtuales, lavar las manos, etc., pero lo más odioso, incomodo, es usar la mascarilla.

Las mascarillas son para contener las partículas que se diseminan al respirar, toser o estornudar; para evitar la propagación de la pandemia; es necesaria, nos cuida, pero no la resisto; me molesta, ¡me quilla!   Es una prenda desechable, generalmente de tela, que cubre la mitad de la cara, esto es, la boca, nariz, mejillas y para colmo es sostenida por las orejas; para facilitar su uso y no olvidarla, muchos la colocan en una cadena, collar, que llega al pecho; se ha convertido en parte del cuerpo. Su misión es evitar que salga o entre, aliento, aire contaminado, que provoque Coronavirus. Comprendo que su uso es efectivo, logra sus objetivos, pero complica la vida.

¿Por qué la mascarilla complica la vida?  Es obligatorio usarla en lugares públicos y privados; ahora para salir del hogar, además de asegurarnos de llevar los lentes, celular, cartera, llaves, no se puede olvidar la mascarilla o debe volver a buscarla; es una prioridad. Desde que te la pones, surgen los cambios. Al colocártela y cubrir la mitad del rostro, llegan las consecuencias: muchas veces no se conoce la persona; el aire caliente de la respiración empaña los lentes e impide una clara visión; la nariz tiende a aplastarla y  lucir más ancha; es una barrera para comer; dificulta entender al que habla; oculta lo más hermoso de un rostro, la sonrisa.

Entiendo que todo esto del Coronavirus, como diría el Papa Francisco, es cuestión de paciencia, de esperar confiados en que sea erradicado; mientras tanto, debemos cuidarnos y reconozco, que la mascarilla es un instrumente efectivo, como un pañuelo de amor.  Pido a Dios, ¡con fe!  que    desaparezcan todos los males; que podamos llevar una existencia sin ataduras, libre, despejada; que no tengamos que usar las mascarillas del cuerpo    ni   las mascarillas en el alma, para evitar   tóxicos sociales; que reine la paz, la armonía, en la humanidad. Pido paciencia, para sobrellevar los asuntos temporales, pasajeros, que cual mascarilla molestan pero que son necesarios para alcanzar la paz.

 

Por Venecia Joaquín

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