La Marcha Verde ya se definió: ¡Partido Político!

Por Francisco S. Cruz lunes 17 de julio, 2017

Este domingo 16 de julio, el Movimiento verde o La Marcha Verde (con el PRM marchando en pleno -¡no seamos ingenuos!-) despejó su definición política: partido político y plataforma electoral del abanico de partidos de la oposición -en mayoría vagones del PRM-. Atrás quedó la opción-definición -la más perentoria y necesaria- de movimiento social-reivindicativo para empujar por reformas políticas e institucionales vía un gran acuerdo o pacto nacional con todas las fuerzas políticas y sectores sociales, económicos, académicos, campesinos, obreros, estudiantes, sindicatos y organizaciones de profesionales en el gran objetivo de adecentar la actividad política, el ejercicio del poder, institucionalizar –¡todas las instituciones!- e instaurar una ética-pública.

Las consignas y el propio manifiesto -no ya de “intelectuales”- sino del otrora movimiento verde no dejó duda: quieren “una gran unidad nacional” (…) “que barra el lodo de las instituciones y el sistema político corrompido”. No sé si ignoran que tal objetivo político-estratégico-ideológico encierra una revolución -aunque sea de bravuconadas y chácharas politiqueras-, pues, se trata de hacer tabla rasa del actual estatus quo. Más sin embargo, tal aspiración choca con la composición multisectorial del movimiento, y en él, la presencia -demasiado visible y mayoritaria- del PRM y de sus dirigentes (que ya tomaron el control del movimiento). Entonces, cabe preguntar: ¿cómo llevar a cabo “una gran unidad nacional” (“que barra el lodo de las instituciones y el sistema político corrompido”) con líderes políticos -en su fila y marchando- también sindicado de corruptos de viejo y de nuevo cuño? ¿Cómo se construye “una gran unidad nacional” excluyendo, a menos de que no se tenga claro, política y electoralmente, que de lo que se trata no es de “barrer” nada, sino de aglutinar fuerzas opositoras para una de dos (sin que se excluya o descarte ninguna): 1) generar una crisis de gobernabilidad, aunque solo sea de percepción pública (que hace un rato vienen ensayando); o 2) consumar-disfrazar un error, como parece, político-estratégico: que la Marcha Verde ya no es movimiento cívico-ciudadano mas, sino un partido político de cara a mayo-2020?

Por lo tanto, las consignas como el manifiesto -del recién pasado domingo 16 de julio-, más que una estrategia política-revolucionaria –en todo caso, para consumo de tontos útiles-, es el bajadero –o bulto mediático- patente de una decisión política-estratégica; pero, sobre todo, política-electoral, ya discutida y tomada.

En consecuencia, y a partir de ahora, solo hay, en el espectro político nacional – al margen del mega-escándalo Odebrecht y sus bemoles impredecibles para la clase política-, una realidad insoslayable: ¡que la campaña política-electoral -de cara a mayo-2020- ya empezó!

Por supuesto, el trayecto será largo y tortuoso -estamos a tres años de las elecciones nacionales de 2020-, y como ya dije, el primer eslabón político-estratégico -de la oposición-, será trabajar para crear una crisis de gobernabilidad -así sea, como ya dije, de percepción pública o mediática- mientras prolonga el cuento Marcha Verde pero con la vista puesta en el objetivo político-electoral mayo-2020, pues, se trata, simple y llanamente, de llegar al poder, en el marco del actual estatus quo, desplazando al PLD. De eso se trata: de la vuelta al poder del grupo político –PPH ahora H20– que ya estuvo en el poder -2000-2004- y cuyas dos “realizaciones” o hazañas históricas fueron: a) doblar en rojo; y b) quebrar el país y arruinarle el crédito internacional.

¿Qué le espera al otrora Movimiento Verde (ahora partido político)?

Le espera, trabajar en dos frentes (cuál de los dos más traumático): uno, superar-depender del macth Hipólito vs Abinader y lo que quede, en esa lucha a muerte, del PRM, pero, además, endorsar al “ganador” (que si resultase Hipolitico Mejía sería un no militante verde confeso, pero además,  sindicado-acusado en sus consignas y caricaturas) so pena de desandar lo recorrido y perderse en una intrascendencia-descrédito. Y dos, conformarse con candidaturas a síndicos, regidores, diputados y senadores -algo así como la repartición del poder (justamente, lo que hacen los partidos tradicionales)-; y la incógnita-amenaza de que Minou Mirabal, Guillermo Moreno y Max Puig –en sus sueños-delirios presidenciales, y sin posibilidades ya- abandonen el barco y hagan tienda aparte -como en el 2012, como en el 2016-.

¿Qué se perdió?

En mi humilde opinión, con el paso-error de movimiento cívico-ciudadano –de la Marcha Verde- a partido político, se perdió una brillante oportunidad de lograr-presionar por un gran acuerdo o pacto nacional en la línea de lograr-consensuar una serie de cambios y reformas políticas e institucionales que, muy probablemente, la campaña política-electoral -que ya arrancó- sepulte, pues,  sabemos que en el país más que crisis de partidos políticos, como lo he sostenido muchas veces, estamos frente a una crisis de las gerencias-cúpulas de los partidos políticos y de sus líderes (entre ellos, los del PRM, pues esos “aparatos” han sido suplantados por sus cúpulas-líderes –situación esta que esperamos la ley de partidos políticos, en negociación bicameral, aminore a pesar de que el problema, en el fondo y en la superficie, es de subdesarrollo político-cultural y de rancio conservadurismo-caudillismo), a menos que queramos negar que ellos –PLD, PRM, PRD y PRSC– siguen siendo referentes electorales. Y para negar, con sustento científico y registro histórico-electoral, la anterior realidad política-electoral habría que esperar a mayo-2020, y sus resultados.

En adición, y a estas alturas –y como para rematar la certeza de lo anterior-, ni siquiera asoma  -o no se vislumbra, en lontananza- un nuevo fenómeno político-electoral encarnado en una figura -¡un nuevo líder!- que reemplace o ponga en peligro los liderazgos presidenciables establecidos. Y es partiendo de ello (de esa prolongada atipicidad en el liderazgo nacional –post Balaguer-Bosch-Peña-Gómez-), que he considerado como un lamentable error político-estratégico que la Marcha Verde haya sido desenfocada y asaltada, políticamente, por el PRM.

¿Cuál es el pronóstico?

Sencillamente, embarcarse en ello, en estos momentos -de nebulosas e incertidumbre-, más que un ejercicio, siquiera, apriorístico, sería hacer de pitonisa cuando lo que está a la vista, y a simple vista –valga la redundancia-, es que, precisamente, el momento –este y en proyección- es de pronóstico reservado, si no, que alguien le pregunte a esos viejos líderes de los partidos políticos tradicionales, y verán cómo, hasta el propio PRM  (con su nuevo vagón-adquisición: el otrora movimiento verde ahora “partido político”), no tiene ni idea.

Y no digo del PLD (mi partido) porque allí, contrario al PRM y sus vagones (incluidos sus bocinas-baterías mediáticas de periodistas, intelectuales, sociólogos y politólogos), la decisión –y muy a pesar del desgaste natural que produce la prolongación en el poder -por casi 20 años de un partido político- es de dos líderes que, quieran o no, tendrán que agarrarse de las manos y retomar el todo (vale decir, ¡el partido! -pero entendido como totalidad orgánica-institucional, no como grupo o “tendencia”). Y no tienen de otra, ni siquiera, en el hipotético-imaginario, excluyéndose ambos.