La marcha de emprendedores

Por Carlos Martínez Márquez martes 7 de febrero, 2017

‘’Luchemos por la libertad para obtener el pan de nuestros derechos facticos’’. El autor.

Un buen emprendedor jamás da marcha hacia atrás. La marcha es sinónimo de lucha; los logros que se obtienen a través del esfuerzo, son frutos de la persistencia, cuya resulta, es el bienestar y el mérito de la labor cumplida. Por eso, los seres humanos marchamos para luchar por nuestras libertades inherentes a lo necesario.

En estos avatares de la vida, marchamos trepando y escalando montañas, para poner a pruebas nuestra resistencia. Que el sudor de nuestros esfuerzos, sea para aperturarnos hacia una mejor sociedad que transmita respeto, de cara al camino que elijamos; el que mejor sea conveniente. Marchemos por la libertad para poder obtener el pan de nuestros derechos facticos, con propuestas que conlleven a un destino esplendoroso. Por eso es que la vida tiene sentido, porque ‘’marchar’’, es ponernos de cara al Sol, en pleno ejercicio de las nobles consecuencias, que nos dan la razón y el sentimiento, para la buena convivencia.

La trivialidad de lo sin sentido y los adefesios que nos lleva a ninguna parte… son componentes efímeros que se erosionan en el denso desierto del vacío de la vanidad existencial. Marchemos por la vida decente y el trabajo que nos honra. Eso es más que todo. Jamás demos marcha hacia atrás. Según el gran líder y activista afroamericano de todos los tiempos, el inmortal, Martin Luther King, profesaba sobre la moral como el brazo largo del universo, pero que el mismo se dobla hacia la justicia. Su presencia en la lucha por la igualdad de la raza, tenía connotación de carácter plural, sin excepciones.

Hemos experimentados a través de la historia, que el derecho a la vida digna, se ha discutido de manera irresponsable, aplazando las buenas oportunidades de que seamos una sociedad sin igual y con presencia ejemplarizadora, para que seamos libre en toda acción que involucra la moral. Emprendamos una eterna cruzada, para que tengamos la certeza de que no nos arrebaten nuestros sueños. Que de no generar el interés colectivo, seremos un ornamento de burla que comprometerá el futuro de las próximas generaciones.

 

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