La lucha continúa

Por Manuel Hernández Villeta

A pesar de la muralla tendida por el despotismo, la dictadura ilustrada, el caudillismo, el cercenamiento de las ideas y el bloqueo del libre pensamiento, la sociedad dominicana experimentó cambios fundamentales en los últimos 35 años del siglo 20.

Evoluciones tangibles, y otras que se quedaron en los comportamientos y la apertura de un sistema social que todavía navegaba con los recuerdos de la tiranía de Trujillo y su velo de oscuridad, donde era imposible tratar cualquier tema que no fuera una loa al jefe.

Aunque no consiguió su objetivo de retornar a la constitucionalidad, la revolución de abril fue propulsora de cambios, que si bien no definieron una nueva correlación de poder, si bifurcó los senderos donde se moverían en lo adelante todos los segmentos sociales.

La juventud contestaría que tomó el fusil quizás fue la más desamparada ante las murallas que impidieron los cambios. Se inmoló en acciones que a corto plazo no terminarían triunfante. La lucha armada no tenía equidad de fuerza y fue aplastada en los doce años de gobierno del doctor Joaquín Balaguer.

Donde una revolución no logra el triunfo, da paso a los efectos colaterales, Faltó después del Acta Institucional la acción crítica y comprender que se caía al vacío, y que al salir del país, la intervención militar norteamericana dejaría a un guardián de sus afectos.

Hoy sería un despropósito y una falta de rigor humano y científico juzgar a los que enfrentaron al gobierno de los doce años, con acciones militares imposibilitadas de triunfar y que solo conducían al fracaso y al heroísmo. La norma de esa época de la izquierda latinoamericana era la guerrilla, fuera en su exponente urbano o rural.

A pesar de la dictadura ilustrada de los doce años, el país fue cambiando. Se dividieron las capas sociales, surgió una potente clase media, mientras que el proletariado conservó capacidad para subsistir en las principales centrales sindicales.

Pero los jóvenes idealistas nunca pudieron convertir en realidad sus proyectos y sus planes. Se quedaron en la gatera, golpeados por realidades exógenas y rebeldías de egos con los cuales era muy difícil poder imponerse. Pocos comprendieron que en una sociedad cerrada, el salto coyuntural a mejores niveles de vida, solo se puede dar por acción político-partidista, o por métodos no santos.

Los gobiernos con alientos democráticos no tuvieron respuestas a los deseos de redención de las grandes masas, y los idealistas siguen esperando un momento placentero que nunca llega. De los 300 millonarios que Balaguer identificó en su gobierno de los doce años, se pasó a la piñata que rompen los partidos en el poder.

El gatopardo siguió pensando que hay que cambiar para que todo siga igual. Así pasó. Cambiaron los gobiernos, los líderes y las circunstancias, pero de jóvenes idealistas la marcha biológica pasó a esperanzas marchitas, de adultos mayores que peinando canas todavía esperan la redención en la tierra. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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