La ley electoral

Por Manuel Hernández Villeta

A Pleno Sol

La ley Electoral tiene que ser revisada. Es un manojo de contradicciones que hacen imposible buscar soluciones satisfactorias, cuando un problema es llevado a un tribunal o conocido por la Junta Central Electoral.

Culpa es de legisladores que la aprobaron a la carrera. Como casi todas las leyes, elaborada en base a malos remiendos, que se rompen con la primera fuerza que se le hace. Ahora mismo se debe someter la corrección de los entuertos electorales.

Da la impresión de que los legisladores quisieron meter de contrabando inconvenientes que hacen difícil que la praxis democrática se de en el sistema electoral. Se crearon nuevas cortes, y una ley, pero de nada han servido.

En todas las elecciones realizadas en los últimos años, el proceso se empantana cuando se tienen que aplicar los artículos de la Ley Electoral. Se puede cargar a beneficio del amigo o enemigo de turno, pero no en una acción que responda a la verdad y la justicia.

La mayor aberración de esta Ley Electoral fue fijar un código de transfuguismo. Vergüenza debe dar hablar de esa terminología, donde la política es una mercancía de libre intercambio, en un baile donde la ideología fue desaforada por la tarjeta de crédito.

Si no hay un basamento de corte ideológico da lo mismo militar en cualquier partido. Por consiguiente, es más que una torpeza, una simpleza inoportuna, tratar de controlar el movimiento entre agrupaciones que están calcadas con la misma medida. No hay diferencias de ningún tipo,  entre los partidos mayoritarios o las pequeñas franquicias que subsisten en base a las alianzas de perfil comercial.

La Ley Electoral tampoco es clara  sobre cuáles son las bases en las que se edifica un partido como mayoritario. No precisa en cuál de las elecciones, y hay por lo menos tres, se tiene que conseguir el cinco por ciento para ser llevado a La Fuente de Oro que es tener el calificativo de mayoritario.

El legislador tenía   que precisar si ese cinco por ciento es en las elecciones municipales, las congresuales o las presidenciales. Saber con exactitud hasta donde puede contarse para un sector minoritario los votos que consiga en una alianza con un partido mayoritario.

A futuro, se tiene que  hacer la revisión conveniente y entonces determinar en cuál de los nichos electorales se tiene que alcanzar el cinco por ciento. Otro tema  caliente de la ley electoral, es que no define si el cargo de regidor, síndico, diputado, senado o presidente, le pertenece al partido o al electo.

No puede estar en la suposición de si un regidor, síndico, diputado, o senador,  renuncia y se lleva el cargo, o si debe ser desfavorecido porque el mismo le pertenece al partido que lo presentó en las elecciones. Es de orden prioritario que esa Ley Electoral se revise y esté lista para las venideras elecciones. El pueblo dominicano no merece tener esta ley  contradictoria y sin funciones. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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