A la larga tendremos que chupárnoslo

Por Miguel Melenciano jueves 17 de agosto, 2017

 

Este parecería un titular morboso, si es que usted no lee el cuerpo de este artículo, y solo se queda en el título, pero si no tomamos carta en el asunto, en verdad, al final tendremos que cargar con una población compuesta por  más de 10 millones de nacionales haitianos que en un corto tiempo se quedarán sin un suelo que les abastezca los productos necesarios para alimentarse.

Así es que, al ritmo que marcha la desforestación de la parte occidental de la isla, en pocos años veremos, como esta parte de la Hispaniola va camino a convertirse en el primer desierto del Caribe tropical, pues los pronósticos de los especialistas en la materia indican que el nivel de deforestación en Haití alcanza más del 98 por ciento, dejando vulnerable, esa nación, a riesgos y desastres medio ambientales.

Una voz de alerta ante lo que podría suceder en el futuro cercano en Haití, de continuar la devastación de lo poco que queda en la foresta, ha sido  la tragedia ocurrida en el 2010 cuando,  un terremoto 7,0 Mw generado a una profundidad de 13 kilómetros con sus subsiguientes réplicas, causó más de 200 mil muertos, cientos de miles de heridos así como miles de y las ciudades totalmente devastadas.

Nuestro pueblo, siendo el vecino más cercano,  sin pensarlo dos veces, anduvo raudo para auxiliar en su desdicha a los hermanos haitianos.    Para ellos se habilitaron todos los hospitales del Estado, tanto en  la frontera imaginaria que nos separa, como los del Cibao, Sur y los de la capital de la República.   A un solo ritmo, todos nos dedicamos a procurar la recuperación de nuestros colindantes.

La solidaridad es una de las características especiales del pueblo dominicano.

El daño del terremoto aun es padecido por los haitianos  y muchos de ellos, tras la acogida que en ese momento les ofreció la Republica Dominicana,  muchos optaron por quedarse residiendo ilegalmente.  Parte de ellos en la actualidad, se declaran ante instituciones internacionales como apátridas colocando a los dominicanos en una difícil situación.

Haití tiene un problema medioambiental creciente, debido a que la tala indiscriminada de unos 15 millones de árboles anualmente para la industria maderera y fabricar carbón vegetal como método de subsistencia,  ha dejado la  tierra cansada e improductiva con solo un 2% del suelo arbolado, dirigiéndose pues a una catástrofe atmosférica y sísmica de carácter previsible.

De no detenerse, podría repetirse el acontecimiento del 2010 con consecuencias para la República Dominicana   y otros  países  circundantes del Caribe. Cualquier cosa que ocurriese a los vecinos, se reflejará inmediatamente en nuestra nación,  pues tendríamos, no solo que aperturar el uso de nuestros hospitales, sino acoger en calidad de refugiados a una población cuyos dígitos, casi doblan los nuestros.

Ante esta situación, la crisis económica y la inestabilidad política de Haití,  países como Estados Unidos, Canadá, Europa y otros  del Caribe, exigen a la Republica Dominicana que acoja sin condiciones a esta población, mientras ellos,  les colocan restricciones de entradas a los haitianos, y por vía de consecuencia, a la larga, la República Dominicana, con una pobre economía en crecimiento, tendría que chuparse a los colindantes. He dicho.

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