La justicia marcha

Por Manuel Hernández Villeta miércoles 22 de marzo, 2017

La justicia no puede ser parcial. La justicia no puede ser iracunda, no puede ser altiva, no se puede aplicar sin juicio previo. Cuando se extralimita la justicia, cae en la injusticia. Los ciudadanos no pueden aplicar las penas por sus propias manos, porque están cometiendo una denegación de justicia.

Para que florezca la justicia, se tiene que sepultar la impunidad. Pecados de todos, de arriba y abajo, de los pata por suelo, y de los poderosos. Todos de su lado y a su manera burlan la justicia. Por desgracia, siempre el poder judicial ha tenido piernas de gelatina y es selectivo en sus decisiones.

Lo grave es que cuando se pierde confianza en la justicia, surge el tremendismo. El deseo de cada quien de ser verdugo, y eso no puede ser. Los linchamientos, el ajuste de cuentas y las venganzas, no conforman parte de una sociedad civilizada. Es retrotraernos a la era primitiva, si cada quien se va a hacer justicia por su propio garrote.

El salvaje oeste norteamericano llenó las pantallas cinematográficas de sus historias, donde se imponía la ley del revólver, el más fuerte era el jefe, se ahorcaba sin juicio previo por robar ganado, y más que un código judicial, todo se resolvía a plomo limpio. Pero el oeste cambió y la ley se impuso en un territorio lleno de sangre y cruces en los caminos.

En nuestra vida real hay que fortalecer la justicia dominicana. Los problemas e imperfecciones que tiene vienen de muchos años atrás y son salvables. Todos tienen que colaborar en lograr la institucionalidad de la justicia. Se trabaja con una masa amorfa que en muchas ocasiones es zarandeada por el poder político, pero que está en la búsqueda de su independencia.

Pero la justicia no depende solo de los hombres y las mujeres que la integran, sino de la fortaleza colectiva. Es un poder que es de los primeros del Estado y tiene que responder a las necesidades de la comunidad. Si la justicia tiene las manos atadas por compromisos sociales o políticos no podrá caminar lejos.

Hay síntomas de barbarie en algunos segmentos que se tienen que combatir. No son posibles los linchamientos, y el no tomarse la aplicación de penas por modus propio. Todo tiene que llegar a un juicio oral, público y contradictorio, donde se diga y se expongan los hechos y se les haga un balance de acuerdo a la verdad. El camino es duro, pero si lo labramos erradicaremos la impunidad, la inmunidad y las tarjeta de los poderosos abriendo puertas. ¡Ay!, se acabó la tinta.

 

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