La justicia, luz de esperanza social

Por José Rafael Vargas C.

Se comienza a vislumbrar una luz al final del túnel, los amantes de las buenas costumbres comienzan a esperanzarse, casi ven el fin del cambalache.

Con el golpe efectuado la semana pasada por parte de la Procuraduría y la DNCD, no solo se castiga el mal, sino que brindamos un espaldarazo a la dignidad. A esas personas que se levantan cuando el gallo canta, aquellos que viven con la ilusión de que su pequeño negocio eche andar, los que con el sudor de su frente se reniegan a parar por el futuro que viene detrás, por todos aquellos que saben luchar sin la necesidad de zarpar a corromperse.

Según la encuesta Gallup-Hoy- del 2018, el 60% de los jóvenes intenta marcharse del país. Dato preocupante, pues a pesar de inequidad en oportunidades para emprender o espacios solo para unos cuantos, también se une la desmesurada exhibición de ostentación de riqueza y poder hacia los menos favorecidos. Eluden la ley, algunos con el famoso, “¿tú sabes quién soy yo?’’, otros simplemente te lanzan un porche amarrillo entendiendo que no tendrá consecuencia. Mas allá del clientelismo y la corrupción que durante años nos ha arropado, debemos buscar una sociedad a futuro que nos represente en alto valores de la ética, y esa sociedad no puede dividirse entre inmorales verdugos y miserables decentes. Esta vez la fuerza de la ley ha vencido, la cultura de igualdad ante la misma debe prevalecer en el tiempo, pues con ella no se sigue fomentando la imagen del dinero rápido e ilícito, y aquellos que luchan cada día de manera realmente honorable serán de nuevo considerados como punto de referencia social.

Confiamos en que la balanza de la justicia permanezca con el pragmatismo de la equidad y la espada inflexible, pues con ello se inicia el camino a la esperanza de una juventud con garantías ante ley independientemente de su apellido y poder. Las huellas de hoy van tejiendo el camino hacia donde debemos estar como sociedad justa, la pompa triunfal de la justicia inicia su recorrido, se escuchan clarinetes y al poeta decir, golpe a golpe, verso a verso van prevaleciendo en el tiempo.

José Rafael Vargas C., hijo

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