La JCE y el Método del Ritmo

Por Borja Medina Mateo domingo 23 de febrero, 2020

Dos ladrones experimentados en robo de bancos,planificaron un asalto al Banco Nacional. En el transcurso de su fechoría logran perpetrar la bóveda para hacerse del dinero que ésta contenía.

Sin embargo, justo cuando se disponían a recoger los valores y salir, fueron enfrentados por los guardias de seguridad e iniciaron un intercambio de disparos. Al cabo de unos minutos, uno de los agentes del orden cae abatido. Los delincuentes emprenden la huida.

Pero, en forma extraña, los malhechores se dieron a la fuga de manera individual. Pues la operación fue fallida. Había resultado una persona herida y, probablemente, muerta. Lo que, frente al ejercicio punitivo del Estado, se entiende como una agravante y un motivo razonable para una búsqueda más intensa e implacable contra los autores del siniestro.

La conducta típica de los delincuentes cuando huyen por separado, se fundamenta en la máxima de “sálvese quien pueda”. Por un lado, uno procura, con sentimiento de culpa, acercarse a “los buenos” para no aparecer entre “los malos” y apartarse totalmente del hecho. El otro, sin embargo, acusa de manera directa a su cómplice y le atribuye toda la responsabilidad del delito cometido por ambos. En el rol propio de un descarado, charlatán y cobarde.

La República Dominicana tiene en su historia casos de este tipo. Se recuerda aún el asalto a un banco ubicado en la Ave. Independencia, en el que un reconocido cirujano mantuvo al país en vilo durante largas horas hasta terminar en tragedia.

Asalto a la Democracia

Desde la caída del régimen de Rafael Leónidas Trujillo Molina, nuestro país asumió un espíritu e ideal democrático que, a paso lento, con altas y bajas, se ha ido construyendo y fortaleciendo. Ese ejercicio democrático ha tenido como pilar fundamental la formación e interacción de los partidos políticos y la celebración periódica de elecciones.

Si bien es cierto que nuestra historia electoral ha estado marcada por acusaciones de fraude, no menos cierto es que desde 1994 hasta el pasado 6 de octubre del 2019 se celebraron comicios que medianamente fortalecían la credibilidad institucional del pueblo.

Meses previos al 6 de octubre de 2019, un equipo de técnicos a instancias del autor se concentró en investigar todo lo relativo al Sistema de Voto Automatizado y los planes de la Junta Central Electoral (JCE) para su implementación como “plan piloto” en las primarias simultáneas del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y del Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Se alertó a uno de los contendientes de las vulnerabilidades y vicios respecto ese método de votación. Sin embargo, se atendió fuera del tiempo idóneo. Se consumó lo advertido.

El Dr. Leonel Fernández, quien sería a la fecha la primera y única víctima de la utilización del Sistema del Voto Automatizado de la JCE, advirtió de las implicaciones sobre el uso de tal sistema y de los peligros que acechaban a la democracia dominicana.

La clase política lo había dejado solo. Se trataba de la típica renuencia a aceptar resultados desfavorables en un proceso electoral, según sus adversarios. Por ejemplo, Luis Abinader, mantuvo un discurso tímido respecto del tema.

No fue sino, hasta el pasado domingo 16 de febrero, cuando la víctima había cambiado. Ya no se trataba de un precandidato. Sino, más bien, de miles de candidatos, de millones de votantes y de decenas de partidos políticos: La democracia dominicana había sido asaltada. Le robaron al pueblo dominicano su derecho a elegir y ser elegidos.

Ese día, a las 11:11 AM se dirigía al país mediante rueda de prensa el presidente de la JCE, Dr. Julio César Castaños Guzmán y, con aparente vergüenza y humildad, anunciaba la suspensión de las elecciones municipales que estaban en curso hasta ese momento.

La razón fue un “error”, una “falla” en el Sistema del Voto Automatizado. Lo que evidencia cierta negligencia y, en consecuencia, dolo. Aunque por el momento no se valore la intención de dañar.

Por consiguiente, si previo al inicio de las votaciones se sabía y reconocía que el problema presentado no tenía solución inmediata, que había incapacidad para resolverloy se impediría la libre concurrencia de los electores aejercer su derecho, esto conduce a una situación de tipo criminal antes que técnico.

Es, verbigracia, como que una persona incapaz para realizar una operación de corazón abierto asuma esaresponsabilidad y durante la intervención el paciente muera. Hay dolo. Pues, a sabiendas de la incapacidad la persona entró al quirófano e inició la operación.

Sobre eso, la misión de la OEA, estableció lo siguiente: “la suspensión se debió a problemas técnicos insuperables, acompañados de una planeación notoriamente insuficiente”.

En síntesis, la suspicacia aumenta con la actitud asumida por el pleno de la JCE, especialmente por su presidente. De una conducta de silencio, misterio, secretismo, inatención e inobservancia a los pedimentos que durante meses hacían líderes y partidos de oposición, a exhibir un comportamiento de apertura, disposición y consenso. Seevidencia en la consulta a los delegados y líderes políticos antes de suspender las municipales.

De no recibir prácticamente nunca a los delegados de la oposición y de no atender sus instancias, a reunirlos el domingo por varias horas con escucha y atención especial a cada representante. Igualmente, a la celebración de una larga e intensa audiencia de 9 horas el pasado miércoles 19 de febrero.

Por otro lado, el presidente provisional del PLD, Juan Temístocles Montás, de haber reconocido anteriormente la honradez, probidad y profesionalismo de la JCE, pasaron a formular la acusación de que el candidato del PRM, Luis Abinader, había presionado a la JCE y de que ésta había correspondido a las presiones del interés de la oposición. En un comunicado oficial de su partido, aludieron a un supuesto “sabotaje” con la participación de sectores internos a la JCE.

En fin, la democracia dominicana ha sido víctima de un crimen. Le robaron su derecho a elegir y ser elegidos. Los responsables puede que estén a la vista de todos y libres. Pero con un pueblo atento, dispuesto a protestar hasta hacer valer sus derechos y cristalizar por todos los medios posibles, el anhelo de una República Dominicana democrática, libre, próspera e independiente.

El cambio de actitud de la JCE ha sido tan drástico que expresaron, inclusive, su disposición de atender de manera especial los reclamos de la ciudadanía protestante. Se apartan del rol estricto y distante que ejercían. Se intentan colocar del lado de los buenos.

Al parecer, no dejan de tener razón quienes miden los ánimos, las actitudes y sus respuestas conforme al método del ritmo.

Irónico, ¿no?

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