La irresponsabilidad compartida

Por Manuel Volquez miércoles 6 de diciembre, 2017

Más de 120 mil conductores, entre ellos motoristas, circulan por las calles con la licencia vencida. ¿Ha habido alguna acción legal contra esas personas o se les ha dado seguimiento? ¿Aún están conduciendo en esas condiciones? Es posible que esa cantidad haya aumentado en los últimos tres años.

En marzo del 2014, la Dirección General de Tránsito Terrestre (DGTT) reportó que 735,188 (43%) conductores, de 953,122, manejaban con licencias vencidas en violación a la ley 241 sobre Tránsito Terrestre.

Esos datos inducen a muchas reflexiones y a hacer un arqueo de otras acciones repulsivas cometidas por los ciudadanos. Cito algunos casos:

-El Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes confirma que 2,134 (80%)  estaciones distribuidoras de combustibles, de las 2,668 que hay en todo el país, tienen los permisos caducados. ¿Por qué no están cerradas esas empresas? ¿Quiénes son sus dueños?

-Involucramiento de algunos militares y funcionarios de Migración en el trasiego de haitianos ilegales en la frontera con Haití; empleados gubernamentales, entre ellos de Aduanas, los han ligado con prácticas fraudulentas relacionadas con el contrabando de cigarrillos, whisky, ajo, droga, y el robo de miles de dólares incautados a pasajeros en los aeropuertos.

-Los obreros de los ayuntamientos que recogen la basura piden dinero cada vez que pasan por las calles de los residenciales y sectores marginados. Algunos hasta desisten de retirar los desechos sólidos, si no son remunerados.

-En algunas instituciones gubernamentales existen empleados que se la ponen difícil a los ciudadanos cuando acuden a realizar trámites burocráticos. El macuteo y la extorsión se imponen.

-Ya hay denuncias contra fiscales extorsionadores y de jueces que reciben supuestamente dinero para emitir sentencias de libertad a personas vinculadas a actos de corrupción, al sicariato, al narcotráfico y otros delitos.

-Las exigencias económicas de policías en los cuarteles barriales para gestionar la libertad de un ciudadano detenido en una redada.

-Conductores irresponsables circulan a alta velocidad por las autopistas y carreteras, haciendo rebases provocadores y temerarios. En la ciudad, se colocan en los carriles que no les corresponde, a la espera del cambio de luz de los semáforos, bloquean la zona asignada a los peatones, estacionan los vehículos sobre las aceras y en las avenidas para conversar, beber, comprar comidas chatarras o corregir algún problema mecánico.

-Choferes de vehículos escolares, transportando niños y adolescentes e incluso llevando cuatro y seis menores en el asiento delantero, al lado del conductor,  se van en rojo en los semáforos y a gran velocidad. Muchos los he visto  meterse en vías contrarias para acortar distancias.

-Ciudadanos lanzan basuras en avenidas y calles de mucha circulación vehicular, también en los túneles y elevados; otros colocan bolsas con basuras sobre el baúl de los carros hasta que el viento las arroje al pavimento.

-Hombres asesinan a sus mujeres cuando estas se niegan a continuar las relaciones sentimentales. La mayoría de los asesinos tienen orden de alejamiento respecto a sus parejas, pero nadie los vigila. Y de otro lado, los delincuentes andan asaltando, asesinando, y nadie los controla.

Así está el país, con la cabeza hacia abajo. La cultura de la irresponsabilidad compartida es evidente. En cierto modo, todos somos responsables de lo que está ocurriendo, es decir, autoridades civiles y militares, funcionarios gubernamentales, comunicadores sociales, religiosos, ciudadanos comunes, políticos. Cada quien busca la forma de sobrevivir a su manera, indiferentes, insensibles e inconmovibles.

Lo más repugnante de todo este drama social es que tenemos un Estado irresponsable e inoperante, que ha sido incapaz de frenar ese desorden que durante décadas.

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