La inteligencia austríaca, aislada en Europa por cercanía de ultras con Moscú

Por EFE lunes 20 de mayo, 2019

EL NUEVO DIARIO, VIENA.- Los aliados de Austria ha dejado de compartir desde hace meses información de inteligencia con Viena. ¿El motivo? Los servicios secretos austríacos están todavía bajo control del ultraderechista FPÖ, un partido que tiene un acuerdo de colaboración con Rusia Unida, la formación del presidente ruso, Vladímir Putin.

Por primera vez en la historia de la república alpina los ultraderechistas del FPÖ controlan el Ministerio del Interior y a su frente está el controvertido Herbert Kickl, miembro del ala más dura de su partido y para muchos el verdadero cerebro de la formación.

Pese a la reciente caída del Gobierno austríaco, Kickl continúa como ministro en funciones y resiste las presiones del canciller, el conservador Sebastian Kurz, para que abandone el cargo.

En una sucesión de hechos que no desmerecen al guión de una película de intriga, la inteligencia occidental perdió la confianza en la Agencia Federal para la Protección de la Constitución y la Lucha Antiterrorista (BVT), los servicios secretos internos de Austria, tras un controvertido registro policial de su sede.

El polémico allanamiento, que se produjo en febrero de 2018, ha sido declarado “irregular” por la Justicia y sigue envuelto en numerosos interrogantes que ahora trata de esclarecer una comisión de investigación parlamentaria que dura hasta finales de junio.

Según los testimonios, poco después de llegar al poder el FPÖ en una coalición con el Partido Popular (ÖVP) en diciembre de 2017, altos cargos ultranacionalistas de Interior presionaron a la Fiscalía Anticorrupción para investigar por abuso de poder al director del BVT, el conservador Peter Gridling.

Una fiscal decidió investigar un pliego anónimo de acusaciones en el que se acusa al director del BVT de corrupción y de abuso de poder, por lo que Kickl suspendió a Gridling, pero la Justicia consideró ese paso ilegal y lo devolvió a su puesto.

Los analistas consultados coinciden en que Gridling era un “obstáculo” para que los ultras dominasen los servicios secretos, una de cuyas misiones es vigilar a extremistas de derechas, algunos de ellos con vínculos con el FPÖ.

UN REGISTRO CONTROVERTIDO

¿Pero qué paso en ese controvertido registro policial? Aunque la orden de allanamiento era legal, la aplicó una unidad fuertemente armada de lucha contra la criminalidad callejera -algo poco usual- comandada por un oficial que es un conocido militante del FPÖ.

Además de que no era una unidad especializada en los delitos de corrupción investigados, lo que despertó la alarma de los servicios secretos occidentales fue que estos policías se incautaron de forma irregular de bases de datos informáticas con contenido muy delicado.

Los agentes registraron el despacho de la responsable de lucha contra el extremismo de derechas, Sybille G., y se llevaron datos sobre los “topos” e informadores en grupos de ultraderecha, cuando ese departamento no era investigado en la causa contra Gridling.

También se llevaron -sin que se supiera el motivo- una copia informática de la conocida como “Red Neptuno”, la plataforma donde los servicios secretos de los países de la UE, así como de Suiza y Noruega, comparten información altamente reservada.

Dada la cercanía del FPÖ con Rusia y los recelos que despertaron las irregularidades de la operación policial, numerosos servicios de inteligencia dejaron de compartir datos con el BVT, según reconoció su propio director -Gridling- en la comisión parlamentaria.

“Para el BVT esto es una catástrofe. Estamos completamente aislados en Europa en cuanto a cooperación policial y de inteligencia”, explica a Efe el experto Peter Pilz.

Ese líder de la formación progresista Jetzt y miembro de la comisión parlamentaria que investiga el escándalo es considerado, incluso por sus rivales, como uno de los mejores conocedores del funcionamiento del aparato de seguridad en Austria.

A su juicio, “el FPÖ y el ministro (Kickl) han allanado el BVT porque su objetivo era la unidad contra el extremismo de derechas. El FPÖ tiene un gran temor de que salga el material sobre ellos”, sostiene.

“El FPÖ ha tratado de saber, por medio del Ministerio del Interior, quiénes son los agentes encubiertos en la escena de ultraderecha. Eso puede suponer incluso poner en peligro la vida de funcionarios públicos”, critica Pilz.

Según el diputado, el aislamiento del BVT se debe a que los servicios secretos no se fían de Kickl por su cercanía al Kremlin y por “la sospecha de ser un instrumento ruso”.

CERCANÍA DEL FPÖ CON MOSCÚ

El FPÖ tiene desde 2016 una alianza formal con el partido de Putin, Rusia Unida, y el pasado verano el propio presidente ruso fue un invitado de honor en la boda de la ministra de Exteriores nombrada por los ultras, Karin Kneissl. Las fotos de ambos bailando juntos dieron la vuelta al mundo.

El pasado año Austria se desmarcó de sus socios europeos al no expulsar a diplomáticos rusos por el envenenamiento de un exespía ruso en el Reino Unido, enfatizando su neutralidad y su intención de “mantener abiertos los canales de comunicación con Rusia”.

El FPÖ ha criticado las sanciones de la UE a Rusia y sus líderes no ocultan su admiración por Putin, a quien consideran un baluarte del cristianismo y al que elogian por su políticas conservadoras a favor de la familia tradicional y contra los homosexuales.

En un controvertido vídeo de Ibiza, que le costó el cargo al vicecanciller Heinz-Christian Strache, ahora exlíder del FPÖ, éste define a Europa occidental como “decadente” frente a los valores conservadores de Europa del Este.

El BVT en los últimos años ha investigado la influencia rusa, especialmente supuestos intentos de interferencia electoral, así como potenciales peligros, ya sean por parte de yihadistas o de extremistas de derechas.

Gran parte de ese trabajo exige el intercambio de información con agencias extranjeras.

La cooperación del BVT con los servicios secretos occidentales continúa en el día a día, en el caso de operaciones o amenazas inminentes, pero está excluido de la cooperación estratégica y eso supone “un riesgo para la seguridad de Austria”, explica Pilz.

Para el politólogo Anton Pelinka, uno de los más respetados de Austria, es necesaria la marcha inmediata de Kickl para que el BVT recupere la credibilidad ante sus socios europeos.

“Kickl se ha convertido en una pesada carga para la credibilidad de Austria en Europa y en todo el mundo”, asegura a Efe.

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